De las palabras a los hechos

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De las palabras a los hechos

Septiembre 15, 2019 - 06:55 a.m. Por: Editorial .

En entrevista que se publica en la presente edición, el Gerente de la Empresa de Renovación Urbana, Emru, hace un detallado resumen sobre los avances que ha tenido el proyecto urbanístico más importante para la capital vallecaucana. Es la reconstrucción del centro de la ciudad y la urgencia de adelantar obras cruciales para darle vida al corazón de Cali.

En el proyecto de Ciudad Paraíso hay dos aspectos que deben resaltarse. El primero es el esfuerzo positivo para conseguir a través de la inversión privada el desarrollo de planes para vivienda y espacios urbanísticos.
Son diez años en los cuales se han ido superando dificultades como las limitaciones que existían en las alturas de las edificaciones, como la adquisición de predios y la consecución de inversionistas.

Esa es una realidad que debe destacarse a pesar de las demoras y los obstáculos que han tenido que superarse. Hoy, y según el Gerente de la Emru, hay seis hectáreas habilitadas, se han adquirido 327 inmuebles, las inversiones ascienden a $67.000 millones y se espera entregar los primeros apartamentos en el 2022. Un esfuerzo notable para sacar adelante y convertir en realidad lo que hasta ahora parece un sueño distante.

El otro aspecto, ese sí más preocupante y aún más distante de materializarse, es la inversión en obras de carácter institucional que deberían ser líderes y hoy sólo muestran incertidumbre. Es el caso de la construcción de la sede para la Fiscalía regional, cuyo lote es un bien abandonado mientras la Nación sólo contesta con evasivas cuando se le pregunta por el cumplimiento de su promesa de realizar esa obra.

Al parecer, la sede que necesita la Fiscalía se quedó en un enunciado, mientras los funcionarios de esa entidad pasan trabajos y deben realizar su misión en medio de dificultades, limitaciones y riesgos. Es un incumplimiento craso que llegó al punto de manejarse como una alianza público privada sin futuro, causando demoras y dilaciones para no honrar la palabra que el Estado le dio a Cali.

El otro punto neurálgico es la inexplicable demora en definir y empezar la construcción de la Estación Central del Sistema de Transporte Masivo en inmediaciones de las calles 13 y 15 con Carrera Décima. Para el MÍO y sus usuarios tanto como para la ciudad, esa obra es el detonante del cambio que requiere una zona agobiada por el abandono, la inseguridad y la incertidumbre en su cambio.

Debido a eso, las manzanas que comprenden El Calvario, San Pascual y los barrios aledaños, parecen una enorme cicatriz en el centro de Cali, donde sin duda falta el esfuerzo oficial que impulse la renovación urbana y los dote de los servicios que se le han prometido. Y se han convertido en foco de inseguridad o de atraso, cuando pueden ser epicentro de progreso y desarrollo.

Nada de eso parece aconsejable para la capital vallecaucana y para su desarrollo urbano. Por ello es hora de pasar de las palabras a los hechos, de las declaraciones al aporte de recursos económicos para lograr que el centro de Cali recupere su papel como corazón del futuro que debe construir una urbe moderna y amigable para sus habitantes.

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