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Junio 15, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Dos noticias en materia de desarrollo e infraestructura para el Valle ofreció la Gobernadora del Departamento en la entrevista que concedió a El País, publicada el pasado domingo. Es la oportunidad para precisar lo que la región debe exigirle al Gobierno Nacional en la creación de condiciones para atraer la inversión y en el cumplimiento de compromisos largamente aplazados.

Según la doctora Clara Luz Roldán, el embajador de Colombia en los Estados Unidos le informó que, a raíz de las tensiones entre ese país y la China Popular, muchas empresas de capital estadounidense están mirando la posibilidad de trasladar su operación de China hacia Colombia, para lo cual están interesados en el Atlántico y el Valle como posibles sedes. Aunque esa oportunidad siempre ha estado presente y ha sido discutida en los últimos treinta años, lo cierto es que en Colombia no se han podido concretar, debido entre otras razones a la existencia de trabas y reglamentaciones que han impedido aprovechar las ventajas comparativas que ofrece nuestra región y su privilegiada ubicación geográfica en el Pacífico.

Esos obstáculos, que tuvieron su máxima exposición cuando en Bogotá hundieron las Zonas Económicas de Exportación y no fueron reemplazadas por ningún otro mecanismo que atrajera las empresas que entonces mostraron interés, son los que deben ser removidos. Ahora, y en razón a los graves problemas sociales y económicos que ha causado la pandemia, es necesario crear las condiciones para aprovechar la oportunidad a la cual se refirió el Embajador en la conversación citada por la Mandataria.

El segundo aspecto de la declaración de la Gobernadora es el dragado del canal de acceso a Buenaventura y la posibilidad de desviar los recursos de la vía Mulaló Loboguerrero para pagarlo, una obra necesaria para todo el país que sigue aplazándose ante la renuencia del centralismo a cumplir los compromisos adquiridos por varios gobiernos nacionales. Esa no parece ser la salida.

La vía en mención lleva nueve años en espera, hace seis se adjudicó a una concesión para que fuera construida mediante una alianza público-privada y ya se han invertido en ella medio billón de pesos, de los cuales la Nación ha aportado la mitad. Faltan cerca de quinientos mil millones que serán aportados por el Estado y el saldo, más de dos billones, lo pone la concesionaria. Debe recordarse que está paralizada a la espera de un estudio exigido por la Agencia Nacional de Licencias Ambientales, el gran obstáculo.

Esa carretera es un compromiso de la Nación que debe ser cumplido. Como lo es el dragado del canal de acceso a Buenaventura, cuya demora sacó a sus puertos de las rutas internacionales.

Así las cosas, se debe pedir la creación de estímulos para que se pueda concretar la llegada de las empresas estadounidenses al Valle. Y no es eliminar el proyecto Mulaló Loboguerrero para trastear recursos al dragado, lo que significaría además un descalabro enorme para las finanzas públicas, sino exigir que se cumplan las promesas en materia de infraestructura que aunque se realizan en la región beneficiarán a toda Colombia.

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