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El silencio

Octubre 19, 2021 - 11:45 p. m. 2021-10-19 Por: Vicky Perea García

Por donde se le mire la situación del MÍO no podría ser peor. Están los problemas de forma, por llamarlos así, sobre los que la mayoría de caleños nos hemos quejado en los últimos meses: buses atacados, estaciones vandalizadas y la demora para hacer las reparaciones que permitan poner de nuevo en funcionamiento como debe ser el sistema de transporte masivo local.

Y están los de fondo, que tienen que ver con la crisis financiera y con las fallas estructurales de un servicio con el que nos ilusionamos hace 12 años y pensamos iba a ser el eje central sobre el que se conseguiría cambiar la ciudad, modernizarla, planear su desarrollo urbano, rescatar el sentido de pertenencia y hacerla un mejor vividero.

Sobre los primeros, los de forma, las respuestas llegan poco a poco. Como la del Secretario de Seguridad que la semana anterior se refirió a quiénes estarían detrás de los ataques a los vehículos, aseguró que había pruebas que vinculaban en esos hechos al transporte colectivo y a dueños de buses que ya recibieron la debida compensación por sacarlos de circulación. Dijo además que las denuncias están en la Fiscalía y ya habría capturados.

Ayer, además, la Alcaldía mandó un comunicado en el que el alcalde Jorge Iván Ospina dice que “rescatar el sistema debe ser un esfuerzo estratégico, debe ser un esfuerzo de todos, si fenece el MÍO se van a aumentar el número de carros, de motos, los problemas de movilidad, los procesos de contaminación, seguiremos agotando el planeta tierra…”.
Habla de la vandalización, de las recompensas por $500 millones para delatar a los culpables así como de las acciones policivas y judiciales, y asegura que “Estamos a tiempo redoblado, trabajando fuertemente, la idea es que para diciembre tengamos las estaciones recuperadas”.

Eso está muy bien, que la primera autoridad de la ciudad le ponga el pecho a lo que sucede, les cuente a sus ciudadanos en que van las reparaciones y qué se está haciendo para detener los ataques sistemáticos al servicio.

Por supuesto que todos acogemos la idea de trabajar unidos para rescatar el sistema de transporte, pero una cosa son los daños físicos que se le han ocasionado en los meses recientes, y otro el fondo real de lo que pasa con el Masivo Integrado de Occidente, que para quienes no lo saben es el nombre de donde sale la sigla MÍO, que tiene esa doble connotación con el sentido de pertenencia que debía despertar y por la que fue escogido a través de un concurso ciudadano.

Es ahí, en esos problemas de fondo, en los que ha primado el silencio. Ni el Alcalde, ni el presidente de Metrocali -un personaje por demás anónimo en esta crisis real-, han dicho cuál es la estrategia para salvar al Sistema de Transporte Masivo de la debacle que se vislumbra.

Que no salgan con que lo mismo pasa con Transmilenio en Bogotá, el Megabus de Pereira, Transmetro de Barranquilla y en cada ciudad donde se modernizó el servicio público de transporte. Eso es cierto, pero Cali espera soluciones para Cali.

Es verdad que las proyecciones económicas nunca se alcanzaron, tampoco se ha logrado el equilibrio financiero, las inyecciones de recursos no han servido y se reconoce que es imposible tener un sistema así sin subsidios amplios del Estado. La consecuencia son deudas acumuladas con los operadores, demandas económicas a Metrocali que resultan impagables, huelgas de transportadores y un servicio paupérrimo.

Los errores fueron desde el principio, pero ahora hay que mirar para adelante y que nos digan que se va a hacer, porque esa es la responsabilidad de la Administración local, de Metrocali y de la Nación, socia de este proyecto. No podemos seguir con 180.000 pasajeros diarios en el MÍO cuando hace 12 años la meta era un millón, ni con 300 de los 800 buses parados o conformándonos con reconocer que 400.000 caleños utilizan el transporte pirata para movilizarse.

Sí, todos queremos dar el apoyo que demanda el Alcalde, pero ese se consigue con hechos, con soluciones concretas y con un plan a futuro. No con el silencio.

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