Escuchar este artículo

El que nada debe…

Septiembre 21, 2021 - 11:40 p. m. 2021-09-21 Por: Vicky Perea García

Si alguien pone en duda la honorabilidad de uno, le lanza acusaciones comprometedoras y lo tilda de ladrón, la reacción lógica -claro, si se es inocente- es salir a salvar el honor, demostrar que nada de lo que se dice es cierto y exigir que se hagan las rectificaciones del caso.

Pero cuando frente a las denuncias se guarda silencio o se le ponen trabas a quienes buscan la verdad, lo que se consigue es generar más desconfianza y en la práctica admitir que los rumores pueden ser ciertos.

Así está actuando la administración de Jorge Iván Ospina: impidiendo que los concejales, medios de comunicación y ciudadanos obtengan la información que solicitan sobre cuestionados procesos o en general sobre la manera de administrar los recursos públicos.

No es que sea una práctica nueva, ni que el hoy Alcalde y su gabinete sean los únicos que la utilizan para ocultar información que debe estar a disposición de quien la quiera conocer. La forma está arraigada en todos los niveles de la administración local, bajo las más rebuscadas excusas o metiéndose por los más enredados laberintos de la jurisprudencia.

Como lo describió el informe especial publicado por este diario el domingo anterior, en la administración de Ospina se volvió costumbre guardar ‘silencio administrativo’ o recurrir a cualquier artimaña cuando alguien, ya sea un caleño del común o un comunicador o quienes tienen el deber de ejercer el control político al Alcalde y sus secretarios, les piden tener acceso a los documentos públicos.

En esta ciudad se volvió un misterio o un pecado o un ataque directo al Alcalde y a las dependencias municipales querer saber lo que se hace con los dineros del erario. Como si ese fondo con el que funciona el Estado local no lo llenáramos todos los que pagamos impuestos, los contribuyentes, los que terminamos asumiendo empréstitos como el de los $650.000 millones aprobado por el Concejo para libre destinación.

Yo, como ciudadana y por supuesto como periodista, quiero saber cómo y en qué se gastaron los $3,6 billones del presupuesto del 2020. O cuánto se ha ejecutado de los $3,7billones de este año, de los cuales se supone que $2,8 billones se destinarían a inversión.

Claro, me interesan los detalles de gastos de la pasada Feria virtual y del alumbrado móvil navideño, tan cuestionados ambos, porque así Corfecali sea una entidad de economía mixta o Emcali goce de régimen especial por ser una empresa industrial y comercial del Estado, la mayoría de esas platicas salieron del presupuesto de la Alcaldía, es decir del bolsillo de los ciudadanos.

Quiero conocer también la letra gruesa y la menuda de tantos convenios interadministrativos -otra figura tan apetecida y utilizada por el acalde Ospina del 2011 y el alcalde Ospina modelo 2020- que han llevado a que ahora Empresas Municipales pavimente calles, la Imprenta Departamental arregle cámaras de seguridad, la Emru haga de todos menos cumplir con la renovación del Centro de Cali.

Hoy pocos más allá del círculo íntimo del mandatario local saben en qué se gastarán los $650.000 millones de empréstitos que ya comenzaron a ser desembolsados por los bancos, ni a cuánto ascienden los compromisos con la llamada Primera Línea que bloqueó durante dos meses a Cali y que habría recibido, según autoridades, $70 millones del Eln para sembrar el caos. Y así con cada dependencia de la Administración.

Lo peor y sobre todo frustrante es que las respuestas seguirán embolatadas o dilatadas tanto como la Alcaldía, sus dependencias y la Justicia lo decidan. Porque no, no hay interés alguno en que la transparencia se aplique a la administración de los recursos públicos en Cali.

Repito, “el que nada debe, nada teme”. Ese principio que nos enseñaron desde chiquitos como señal de honestidad, es lo que esperaría cualquier caleño que aplicara toda la Administración Municipal.
Sigue en Twitter @Veperea

Obtén acceso total por $9.900/ trimestre Suscríbete aquí
VER COMENTARIOS