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Una conducta inaceptable
Es necesario hacer énfasis en que la democracia implica aceptar las reglas, incluso cuando los resultados no favorezcan al candidato del gobierno.
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15 de jun de 2026, 12:39 a. m.
Actualizado el 15 de jun de 2026, 12:39 a. m.
A Petro le corresponde algo elemental: respetar los resultados de las votaciones de la primera y segunda vuelta por la Presidencia de la República y dejar de apostarle a la confusión y al caos. Ser garante de las elecciones y respetar las reglas del juego cuando no hay ninguna prueba de fraude es una obligación democrática del jefe del Estado. A Colombia no le convienen discursos incendiarios ni mensajes ambiguos frente a un sistema electoral que ha sido reconocido por décadas como confiable.
Cuando desde el Ejecutivo se siembra desconfianza en las reglas del juego electoral, lo que se pone en riesgo no es a una entidad ni a un funcionario, sino a la democracia del país. La actitud asumida por Petro carece de antecedentes en nuestra historia reciente y merece ser reprochada con toda contundencia. Sus pronunciamientos están lejos de reflejar el talante democrático del que tantas veces se ha ufanado.
El llamado es que cualquiera que sea el resultado que entregue la Registraduría el próximo 21 de junio, este debe ser aceptado. No pueden existir espacios a mensajes encaminados a desconocer el preconteo sin pruebas. Es necesario hacer énfasis en que la democracia implica aceptar las reglas, incluso cuando los resultados no favorezcan al candidato del gobierno. El presidente, los partidos políticos y las campañas tienen la obligación de contribuir a la estabilidad institucional.
El gran lunar de la jornada del 31 de mayo provino de Petro, quién en un hecho sin precedentes en la historia política de Colombia, se pronunció diciendo que no aceptaba los resultados del preconteo de los votos divulgado por la Registraduría, lo cual fue rechazado unánimemente por diversos sectores. Fue cerrado el respaldo a su trabajo transparente en la primera vuelta presidencial.
La decisión de Petro de no reconocer los resultados del preconteo y acogida inicialmente por su candidato Cepeda, pone en peligro la democracia y la estabilidad de las instituciones en un momento de gran polarización. Lo manifestado por el mandatario no tiene piso jurídico en relación con la validez de los comicios. No sorprende en él esta actitud, que es inaceptable e irresponsable.
Esta posición parece demostrar que Petro no sabe perder. No hay duda que ha sido una salida en falso pretender sembrar dudas. Es dañino porque lo que está en juego es la unidad como Nación. También es inadmisible la decisión del presidente de anunciar que participará en la campaña de Cepeda. Es esta una violación inédita y desafiante. Una conducta impropia de la dignidad de su cargo. Es una evidente violación de las normas.
Tras la primera vuelta presidencial queda claro que el resultado es un voto castigo, entre otras razones, a un gobierno caracterizado por los constantes escándalos de corrupción, a la desbordada inseguridad en extensos territorios del país, a la crítica situación del sistema de salud y al permanente reto a la institucionalidad, como lo acaba de hacer.
La Misión de Observación Electoral de la Unión Europea dio un claro respaldo al sistema electoral colombiano al describir todas las fases del proceso como “ordenadas, transparentes y fluidas”. Descartó irregularidades en los resultados, pero advirtió sobre la indebida participación política por parte del gobierno. De esta manera, se deja sin sustento las afirmaciones de Petro sobre una posible alteración en el censo electoral.
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Posdata: La decisión del 21 de junio es simple: elegimos entre democracia, De la Espriella, o entre el fin de la democracia, Cepeda.

Columnista El País
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