Columnista
Un gran legado
Mauricio Iragorri nos dejó ejemplos de cómo liderar con ética, ser pragmático sin perder humanidad y ejercer el poder al servicio del interés colectivo.
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7 de feb de 2026, 01:59 a. m.
Actualizado el 7 de feb de 2026, 01:59 a. m.
Hay retiros que se sienten. Ese es el caso del retiro de Mauricio Iragorri Rizo de la presidencia del Grupo Mayagüez y de la presidencia de la Junta Directiva de Asocaña.
Mauricio estuvo 37 años en Mayagüez, liderando con responsabilidad una agroindustria expuesta a riesgos permanentes: climáticos, ciclos de precios y contextos económicos complejos. En un sector que no fija precios, sino que los toma del mercado mundial, ese liderazgo exige cabeza fría, paciencia y determinación. Ese que toca ejercer y que, casi siempre, no genera aplausos.
Bajo su dirección, Mayagüez evolucionó. Se transformó en una empresa bioindustrial, en un momento incierto, cuya ruta generaba dudas. Diversificó, invirtió, apostó por energía, por bioetanol, por nuevas soluciones productivas y sostenibles.
Si tengo que decir qué es lo que más admiro de Mauricio, no lo dudo un momento: su ética. Durante los 20 años que fue presidente de la Junta Directiva de Asocaña, siempre actuó con la convicción de poner la colectividad por encima de cualquier interés individual. En un mundo donde esto no es habitual, vale la pena decirlo.
Hombre pragmático, mas no frío. Sensible, sin perder la cordura. Un señor con buena escucha, cuán difícil es encontrar una persona que hable lo suficiente. Entendía las posiciones distintas y luego decidía con objetividad. Tenía una rectitud difícil de encontrar y una tolerancia sin igual frente a la diferencia. No necesitaba unanimidades ni le incomodaba que pensaran distinto. Eso sí, trabajaba para llegar a consensos.
Y tenía, o mejor dicho, tiene, una capacidad poco común para manejar los números. Esto sí que lo admiro. Los números le hablaban, los entendía con una rapidez que siempre me impresionó. Anticipaba escenarios, medía impactos, tomaba decisiones, algunas veces con información limitada, pero con fundamentos. Es una gran habilidad que tiene y que explica la solidez de lo que construyó.
Su liderazgo en este sector no fue ruidoso. No buscó protagonismo. Hizo que las cosas pasaran.
Entendía que las organizaciones no pueden prosperar en entornos vulnerables, y por eso impulsó la constitución de la Fundación Mayagüez. Hoy, más de 40 mil personas se benefician cada año de programas sociales que surgen por convicción y no por maquillaje reputacional.
Detrás de esa cifra hay historias que contar. Hay comunidades más fuertes, jóvenes con oportunidades, familias con mayor estabilidad. Lo cierto es que hay resultados y no discursos en un papel.
Su paso por juntas directivas como la Andi, la SAC, Ciev, Propacífico, Cenicaña, el Banco de Occidente o la Universidad Icesi ha sido importante y enriquecedor. Con el compromiso y la seriedad que lo ha caracterizado, aportó criterio, incomodó cuando tocaba, asumió responsabilidades. Siempre estaba preparado, no había posibilidad de ‘echarle cuento’. Eso también deja huella. Claro que sí.
Mauricio se retira en un contexto de cambios profundos para la agroindustria colombiana. A lo largo de ese proceso, actuó con seriedad, criterio y con una visión de largo plazo.
Los reconocimientos que ha recibido son merecidos. Pero su verdadero legado no está en las condecoraciones. Está en la confianza que generó, en el respeto que sostuvo incluso cuando había disensos, en su ética, su disciplina y en las instituciones que quedan más sólidas después de su paso.
Mauricio Iragorri nos dejó ejemplos de cómo liderar con ética, ser pragmático sin perder humanidad y ejercer el poder al servicio del interés colectivo.
Es de esas personas que se retiran de las organizaciones, pero su ejemplo se queda para siempre.

Presidenta de Asocaña
6024455000






