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Siempre la poesía

La poesía recoge aquellos sentimientos propios o ajenos del hombre, que bien cabalgan sobre los versos insulares de aquel sentimiento triste o alegre, que salen del alma humana

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Armando Barona Mesa. Columnista.
Armando Barona Mesa. Columnista. | Foto: El País.

10 de abr de 2026, 02:13 a. m.

Actualizado el 10 de abr de 2026, 02:13 a. m.

Por cambiar un poco y para no repetir los temores sobre sucesos que podrían ocurrir en esta patria dentro de poco tiempo, esta columna hoy reproduce uno de mis poemas recientes, que harán parte de mi próximo libro ‘Los alcaravanes de la vida’. Es un retozo poético, porque aun entiendo que la gente aprecia la poesía. Y la poesía recoge aquellos sentimientos propios o ajenos del hombre, que bien cabalgan sobre los versos insulares de aquel sentimiento triste o alegre, que salen del alma humana. Veamos.

Tarde de amigos

Esta tarde evoco tantas tardes de amigos.

Los amigos que fueron y se fueron.

Los amigos que están, pero no están y llenan

los aires con su ausencia.

Había un puente de rosas y bromelias florecidas

y sobre él, cada uno soltaba su risa o su congoja.

Podíamos reír o llorar,

según el aire y las palabras

y el poema que brotaba como un duende

de las encrucijadas de los sueños.

Allí estaba el amor que porfiado llegaba

por momentos y desaparecía

como los vientos tenues de un ocaso.

Ah, pero volvía encendido y bullicioso,

abriendo su corazón de par en par.

Las frutas entonces cedían su paso al vino.

Y las entrañas tristes fulgían la amarga nota.

Era el amor que se rompía como una porcelana.

Entonces, la melodía del viaje

arrugaba el semblante y fruncía la congoja.

Ah, pero el recuerdo de ese último beso

entibiaba de nuevo las alas de esos sueños.

Volvía el amor con su vestido nuevo,

y había que celebrar con los amigos.

Solo pasaron dos días en el abandono

sin gloria del agobio. Pero eran el beso nuevo

y la caricia nueva los que encendían la tarde

y los luceros. Y claro, los amigos que hoy llenan

nuestra mesa lievan de nuevo el vino,

que alegra la bohemia. Y beben, beben,

con ritmo de gaviotas surcando el horizonte.

Por ellos brindo y por el beso y el amor,

confundidos como una enredadera,

que endereza el ensueño

y deja un mar abierto,

con algas y estrellas matutinas,

pero sin nostalgias, ni naufragios

y más allá de la eterna aflicción que me doblega,

vuelvo a amar a la mujer que añoro

y a recordar a los amigos

que desaparecieron como faros perdidos.

ha desempeñado puestos públicos como juez del Circuito, Conjuez del Tribunal de Cali, Secretario de Gobierno de Cali y alcalde encargado, embajador de Colombia en Polonia y en la ONU. Ha sido delegado a varias conferencias internacionales como la OIT en Ginebra

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