El club del trueque

Noviembre 29, 2020 - 06:35 a. m. 2020-11-29 Por: Santiago Cruz Hoyos

La historia dice que el primer Club del Trueque surgió el 1 de mayo de 1995 en Bernal, Argentina. La idea se le ocurrió a un grupo de ecologistas que ya comenzaban a percibir que la economía del país estaba cada vez más maltrecha. Los noticieros abrían sus emisiones con las cifras de desempleo y el dinero no circulaba en las calles.

Entonces se propusieron encontrar la manera de valorar de otro modo que no fuera con plata las capacidades laborales de quienes no tenían empleo, y abrieron el Club del Trueque. Allí el sastre llevaba un pantalón y lo intercambiaba con el que criaba pollos, el panadero cambiaba sus mogollas con el que cultivaba frutas. También se canjeaban oficios: yo te pinto la casa y tú me arreglas el daño del carro.

La exigencia para ser parte del club era producir algún bien o brindar un servicio, y consumir lo que los demás ofrecían. El objetivo era solventar la crisis económica de las familias argentinas con un ‘sistema paralelo’ al mercado formal, mientras encontraban un trabajo o abrían un negocio. Nadie pretendía vivir del trueque, pero era una forma de resolver urgencias.

Aunque no estuvieron exentos de polémicas, los clubes se expandieron y en 1997 ya eran 70. Con la crisis de 2001, cuando en Argentina se estableció el corralito -la gente no podía sacar la plata del banco- eran 6000. Miles de argentinos sobrevivieron gracias a esos intercambios de productos y servicios, que ahora, con la pandemia del coronavirus, y la nueva crisis económica -la inflación supera el 40%- se reactivaron.

En Colombia está a punto de suceder algo parecido. La idea se le ocurrió a Manolo Salcedo, un fotógrafo, publicista y chef de Armenia, quien desconocía la historia de los clubes de trueque pero había leído la de Kyle MacDonald, un canadiense que logró adquirir su casa gracias a un clip rojo.

Todo comenzó en julio de 2005, cuando Kyle tomó un clip de colección y empezó a hacer intercambios. Por el clip le dieron un lapicero en forma de pez; por el lapicero le dieron el pomo de una puerta; el pomo lo cambió por una estufa Coleman, que cambió por un generador honda, que cambió por un barril de cerveza, que cambió por una moto de nieve, y la moto por un viaje para dos, y el viaje por un camión, hasta que al final, tras un año, canjeó el rol que le habían dado en la película ‘Donna on Demand’ por una casa en Kipling, Canadá. Fue cuando los periódicos titularon: ¡Consigue su casa a partir de un clip rojo!

En Armenia, Manolo, quien es el propietario una agencia de publicidad, llegó a canjear por campañas de marketing tres apartamentos a través de César Toro, un amigo constructor. Durante años ha apelado al trueque como una alternativa de progreso para su empresa y sus clientes. A veces hay quienes necesitan unos volantes para un restaurante, por decir algo, pero no tienen dinero para pagarlos,
entonces Manolo los imprime a cambio de bonos para ir a comer. O le piden el diseño de la imagen corporativa de una carpintería y le pagan con una sala.

Cuando comenzó el confinamiento por el coronavirus, los trueques se incrementaron. Había cafeterías que necesitaban promocionar domicilios, así que le proponían canjear el desayuno de sus empleados a cambio de la publicidad. A veces Manolo limpiaba su local y sacaba herramientas que ya no usaba, y no faltaba el que se acercaba para decirle que las necesitaba. Fue cuando se le ocurrió la idea, la socializó con su equipo de trabajo y los motivó a desarrollarla: en tiempos de vacas flacas, cuando requerimos objetos y servicios que no podemos pagar, pero sí dar algo a cambio, crear un sitio web donde las personas lo puedan hacer.

La página se llama TumPun -trueque para todos y todo- y funcionará como una red social. Cada usuario tiene su perfil para publicar los objetos o los servicios que quiera intercambiar, un chat privado para hacer los trueques. También está la posibilidad de calificar a cada usuario, además del estado del artículo a canjear, y determinar su reputación.

Manolo dice que lo que le interesa es aportarle a la sociedad una alternativa para resolver afugias sin necesidad de plata en tiempos en los que los expertos aseguran que la economía entró en recesión. Por lo menos en Argentina funcionó.

“En los Clubes de Trueque se creó una nueva forma de sociabilidad por la cual no solo las personas sobreviven sino ‘viven’: se sienten vivas porque son útiles para los otros; redescubren sus capacidades productivas y redescubren a ‘los otros’ como recursos para un bienestar común”, escribe la socióloga Claudia Gatti, en un artículo titulado ‘El fenómeno del trueque: una mirada sociológica’.

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