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Cuando esto termine

Agosto 23, 2020 - 11:45 p. m. Por: Paola Guevara

Lo teníamos planeado. Que después de la pandemia volveríamos a subir a un avión, ocuparíamos la silla de la ventana y sentiríamos de nuevo la feliz desconexión con el mundo.

Anhelábamos algunos salir de viaje, habitar esa pequeña burbuja entre nubes y océanos donde uno puede al fin pensarse sin premuras, evaluar sin apegos, y recordar que el mundo es demasiado grande para creerse enteramente dueño de algo o de alguien.

Luego habría que regresar a la apacible oscuridad de las salas de cine; reservar la silla central, del pasillo final, y hacer de las historias ajenas la propia historia. Dejar que los protagonistas nos posean, al menos por unos minutos, y salir de una buena película sin saber dónde termina la ficción y dónde comienza la vida real.

Cuando esto termine, nos decíamos, habrá que darle un merecido descanso al café casero, oscuro y sin azúcar, y salir en busca de una librería de luces tenues donde se pueda beber un capuchino no preparado por uno mismo. Recuperar ese momento proustiano de sumergir magdalenas y lecturas en bebidas calientes.

También estaba entre los planes recibir invitados de nuevo, medir el tiempo en unidades de abrazos de los amigos, decirnos -ya sin tapabocas- que nos hemos extrañado, que estamos felices de vernos, y contar más o menos la misma historia que parece distinta según la luz de quien narre. En mi caso, volar a casa de mi abuela, para darle el pésame que solo pude entregarle a distancia, y poder llorar al fin sin que mis lágrimas caigan en el vacío de sus no manos, de sus no caricias.

Estos y muchos otros planes, que ahora parecen tan postergables, tan inútiles, teníamos. Planes, todos ellos, construidos sobre el privilegio de estar vivos. Pero tantas masacres (sí, masacres y no “homicidios colectivos” como reza el nuevo eufemismo oficial), han puesto nuestro futuro en perspectiva.

Tantos jóvenes y niños cuyas vidas quedaron truncadas y reducidas a cifras, hacen que todo parezca frívolo y carente de sentido ante la contundencia de la muerte violenta que nos acecha, por haber sido inferiores a la paz.

La hora del covid terminará y volveremos a los hábitos que llamábamos vida, pero nuestra verdadera enfermedad nacional persistirá porque la muerte aceita el negocio de unos y garantiza la vigencia de otros.

Los que conocen la psiquis colombiana seguirán agitando el miedo, el terror, el pánico, con fines electorales. He ahí la verdadera pandemia, vivir atrapados en el mismo relato sin aspirar a que, algún día, esto termine.

Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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