Duque y el Valle

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Duque y el Valle

Diciembre 12, 2019 - 11:40 p. m. Por: Ossiel Villada

Yo no soy hincha del América de Cali, y tampoco voté por Iván Duque, pero por estos días le pido de todo corazón al Señor de los Milagros de Buga que le dé una manito al Presidente en este, el momento más difícil de su mandato.

La verdad es que, en materia de fútbol, al Jefe del Estado sí hay que reconocerle su buen olfato. Le ‘pegó’ al marcador del partido que dejó a los ‘diablos’ como campeones y celebró fervorosamente el título de ‘la mechita’, su equipo del alma.

Por eso, fue más que merecido el regalo que le entregaron el pasado miércoles en Cali, durante un reconocimiento que le hicieron los empresarios del Valle: una camiseta oficial del América, firmada por los campeones.

Como vallecaucano yo espero -cruzo los dedos, hago fuerza, le ruego al Milagroso- que esos buenos momentos que el presidente Duque ha pasado en estos días, por cuenta de nuestra tierra, nos hagan el milagro de que nos miren con otros ojos en la Casa de Nariño.

Porque si existe una región a la que el Gobierno Nacional ha descuidado y maltratado en los últimos tiempos -y no solo en el mandato Duque, sino también en el de Juan Manuel Santos- es el Valle del Cauca, y por consiguiente, Cali.

Por múltiples razones, los intereses de la ciudad y la región han quedado relegados dentro de las prioridades nacionales, mientras regiones como la Costa Caribe, Antioquia y Bogotá, han recibido trato de urgencia para sus necesidades.

¿Botones para la muestra? Varios. Cali ha venido padeciendo un terrible deterioro de su clima de seguridad, el cual no ha podido corregirse con los recursos que destina la Alcaldía para ello.

Los homicidios se han reducido (aunque este año no se podrá cumplir la meta de tener menos de mil), pero los atracos en moto, los robos a casas, los raponazos, etc., abundan en las calles. Todo el mundo aquí sale a las calles con miedo y cada vez hay más gente armada.

El problema fue diagnosticado y expuesto varias veces este año al Gobierno en Bogotá: a Cali le faltan al menos 1300 policías, dado su tamaño e importancia. Pero si no es por el desmadre que vivimos aquí la noche del 21 de noviembre, nadie en Palacio nos habría parado bolas.

Tuvimos la suerte de que, por un ‘papayazo’ inesperado, Carlos Holmes Truijillo llegó al Ministerio de Defensa y después de eso trajeron 750 soldados y 250 policías, pero nos advirtieron que estarán aquí “hasta cuando sea necesario”. Es decir, no se trata de una solución de fondo.

Y ni hablar de fuera de Cali. Mientras la Ministra de Transporte
-barranquillera ella, para más señas- tuvo toda la agilidad, disposición y recursos para resolver el dragado de los puertos de Cartagena y Barranquilla, la solución al mismo problema en Buenaventura está más que embolatada.

Que no hay plata, que la culpa es del Gobierno anterior, que hay que hacer más estudios. Peros y más peros, mientras Guayaquil le arrebata al principal puerto colombiano una enorme cuota del mercado de carga marítima.

Todo eso sin contar que la terminación de la doble calzada Buga-Buenaventura sigue siendo un sueño inconcluso, el arreglo de la enorme ‘chamba’ que apareció en el sector de Calima va a paso de tortuga, y un proyecto clave como es el de la vía Mulaló-Loboguerrero lleva dos años a la espera de una licencia ambiental.

La lista es más larga, pero bastan esos puntos para concluir: en Bogotá nos dan un trato de tercera. Y aquí no nos hemos ‘amarrado los pantalones’ para exigir. Esa es una de las grandes tareas que deberán liderar Clara Luz Roldán y Jorge Iván Ospina a partir de enero. Ojalá el Milagroso le copie a Duque, a ver si así.

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