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Volver al anaco

Abril 28, 2021 - 11:55 p. m. 2021-04-28 Por: Medardo Arias Satizábal

Si no se frena a tiempo la estupidez ‘rectificadora’ de la historia, pronto veremos egipcios venidos de los meandros más recónditos del Nilo saltar sobre las tumbas de Keops, Kefrén y Micerinos, después de demoler a punta de mazo, martillo y dinamita cada una de las pirámides que eternizan sus urnas funerarias.

Las razones para atacar siglos después a estos faraones, pueden ser peregrinas: a Keops, por ejemplo, no le gustaban los gatos y amaba enamorarse de las mujeres de sus súbditos. De Micerinos dirán que era homofóbico y exhibirán ‘pruebas’ pintadas en las paredes de piedra. A Kefrén, por esclavista quizá, por haber hecho llevar hasta la Necrópolis de Gizeth miles de toneladas de piedra, a lomo de hombre, previendo su cercano deceso.

En las montañas de Keystone, Dakota, deben estar preparados también, pues los rostros de Jefferson, Roosevelt, Washington y Lincoln, pueden amanecer un día de estos desnarigados y con pintura roja en las patillas, pues una horda encargada de aplicar la ‘deconstrucción de la historia’, dirá que eran racistas o exterminadores de Cherokees, Sioux, Dakotas o Black Feet.

Al tiempo que escribo esta columna, escucho detonaciones lejanas en la ciudad. Me asomo al balcón y veo una nube de humo salir del entramado urbano; no puedo precisar dónde puede ser, pero el Lobo del Aire seguro lo sabe. El helicóptero ha estado sobrevolando Cali desde tempranas horas. Ahora son insistentes las alarmas de patrullas y ambulancias.

Después de tomar un café, veo en mi teléfono hordas de indígenas que corren hacia Santa Teresita. Me pregunto si son el antecedente de lo que preveo en Gizeth, y una toma después, se confirma lo que se veía venir, con la tolerancia y -¿complacencia?- de autoridades locales. La estatua de Sebastián Moyano y Cabrera, la que señala al Pacífico, derribada.

Nacido en Belalcázar, España, vino a las Indias para cumplir el designio histórico de una nación que se aventuró en el mar y encontró, quien lo creyera, un nuevo continente. Antes de alistarse como soldado y marino, fue guardián de una piara –“guachimán de una marranera”, dicen ahora los deconstructores- y lideró toda una campaña colonizadora por el sur de América. Dejó su impronta en Ecuador y Perú; cuando digo impronta quiero decir que no solo se ocupó de abrir camino con la cruz y la espada, sino que también inseminó indias, como lo hiciera Cortés en México con una hija de Moctezuma. Hernán fue mas allá, pues reconoció el linaje real de la doncella y pidió alamares para ella y su progenie. Los descendientes de Moctezuma conservan hoy sus títulos de nobleza.

Paradojas de la historia, ayer varios parientes de Belalcázar promovieron la defenestración de su estatua; en la venganza histórica de los rectificadores, hay de todo: lo acusan de asesino, racista, homófobo, violador, glotón, latifundista, comeindias, enemigo del lenguaje inclusivo, facho, rata de dos patas, etcétera. Si le hubieran encargado un corrido a Paca La del Barrio no hubieran alcanzado los epítetos.

‘Rectificar’y revisar la historia, es hoy uno de los papeles fundamentales de la izquierda internacional, convencida, en lo que tiene que ver con la América Mestiza, que hubiera sido mejor continuar con el anaco, comiendo con la mano y haciendo ofrendas diarias a la Pacha Mama en las orillas de los anchos ríos.

El mundo americano cambió hace 528 años; la mitad de esta extensa porción de planeta se expresa hoy en la lengua de Shakespeare; la otra, en la de Cervantes.

El mundo, como lo conocemos hoy, está lleno de puentes, parques y estatuas. Usamos el cuchillo para los sólidos y la cuchara para los líquidos. Muchos dejamos de adorar las piedras, el sol y la luna, y creemos firmemente que hace más de 2020 años en un potrero frío nació el hijo de Dios.

Creo, es tarde para la izquierda retardataria. Tocaría levantar de sus tumbas a todas las lenguas indígenas, volver al animismo y echar de esta tierra a todos los mestizos. ¿Dónde viviremos?

Sigue en Twitter @cabomarzo

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