El último clásico

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El último clásico

Febrero 26, 2020 - 11:50 p. m. Por: Medardo Arias Satizábal

Si viviera, el poeta Helcías Martán Góngora (Guapi, 27 de febrero de 1920), llamado con justicia ‘El poeta del mar’, estaría celebrando hoy sus primeros 100 años.

Caminaba por Cali como uno de los últimos poetas románticos; con boina castellana y un andar cansino ya en sus últimos años, mientras repartía su revista Esparavel. Una de las últimas que me entregó en el Café de Los Turcos, tenía en su portada la efigie de Bolívar, a quien admiraba. Realizaba una antología de poetas del Litoral Pacífico y me pidió unos versos. Yo era entonces reportero del diario El Pueblo. Con la generosidad que lo caracterizaba, me incluyó ahí y me llamó “El Benjamín de los Hijos del Mar Negro…”, título que todavía conservo, como una medalla.

Su poema ‘Declaración de amor’ es tenido como propio en Brasil y fue uno de los pocos que recibió elogio de Pablo Neruda: “Las algas marineras y los peces/ testigos son de que escribí en la arena, tu bienamado nombre muchas veces…testigos las palmeras litorales/ porque en sus verdes troncos melodiosos, grabó mi amor tus claras iniciales…”

Fue uno de los poetas que más cantó a la afrocolombianidad. Su poema, ‘Berejú’, musicalizado por mi pariente Esteban Cabezas para la voz de Leonor González Mina, la Negra Grande de Colombia, dice así:

“Yo siento en los más profundo este cantar de mi gente/ la sangre da vuelta al mundo, como el mar al continente/ No tengo plata en baúles, ni en las venas sangre azul, currulao, makerule, makerule, berejú…”. Este poema apareció por primera vez en su libro ‘Humano Litoral’ (1954).

Toda su vida fue una declaración de amor; a sus ancestros, al litoral del Pacífico, a la música de marimba, y al igual que Nicolás Guillén en Cuba, hermanó esta cultura con la tradición clásica de las letras españolas. Helcías era un purista del lenguaje, en devoción permanente por los poetas de la península. Quevedo, Benavente, Lope de Vega, no le eran ajenos, pues parte de su vida la consagró a develar los entresijos de La Celestina, a hurgar en los giros más castizos del Siglo de Oro, a entender a Alberti, a Lorca, a Cernuda, a Altolaguirre, una generación tras cuyo filtro empujó el color y la sabiduría de una región todavía recóndita para la propia nación colombiana. El único antecedente que se tuvo durante muchísimos años de la ‘existencia’ del litoral Pacífico, fueron los brevísimos ensayos que escribió el político Sofonías Yacup, para una sencilla editorial bogotana, donde consignó cómo eran el clima, las costumbres, los usos y decires de esa parte de la nación que parecía escondida a la realidad. En ‘Litoral recóndito’, describió las tormentas, las marismas, el canto de los bogas, en menciones que sólo tuvieron antecedentes en los escritos de Gaspar Theodore Mollien, quien publicó en París, en 1824, su libro ‘Voyage dans la Republique de Colombie’, o las referencias del Pacífico que aparecieron en los libros conocidos como ‘Memorias de Bossingault’, producto de la exploración que realizara en Colombia el viajero francés Jean Baptiste Boussingault, entre 1822 y 1832.

Martán Góngora fue pionero de la aparición de la literatura en el Pacífico colombiano con la publicación en 1944 de su libro de poemas ‘Evangelios del Hombre y el paisaje’. Cinco años después, en 1949, apareció la novela ‘Las estrellas son negras’ de Arnoldo Palacios (Cértegui, Chocó, 1924).

“Claras son las verdades que la noche me enseña en su idioma de agua, a la orilla del sueño en cuyo limo crecen palmeras consteladas, cuando en la rada miro los luceros bogar, remar, como piraguas, y el litoral camina por mi acento, como un rebaño blanco por la grama”, nos dice en su poema ‘Mar en la noche’.

Una de las empresas poéticas que acometió con fervor y magnífico entusiasmo, fue la de escribir el Himno de Santiago de Cali, en compañía del excelso músico, Santiago Velasco Llanos.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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