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Edith Martina

Mayo 05, 2021 - 11:50 p. m. 2021-05-05 Por: Medardo Arias Satizábal

De Curaçao vienen sus ancestros, y una vocación musical que ha estado siempre en su familia. ‘Dita’, como se le conoce amorosamente, es el alma del fervor coral en el Instituto Popular de Cultura.

Para Edith Martina la música no es solo un lenguaje, una disciplina, sino también un proyecto de vida, el mismo que asume con todo lo que la rodea, en cada uno de sus actos. Reconocida en la ciudad por su labor pedagógica, es sobrina del notable director de orquesta y pianista, Harold Martina, quien dirigiera por un tiempo la Orquesta Sinfónica del Valle.

Habla con la suavidad y musicalidad que le viene de ese mar turquesa que bordea Curaçao, la tierra de sus ancestros. Desde niña fue llamada ‘Dita’ en el ambiente familiar y es así como se le conoce en el Instituto Popular de Cultura donde ejerce su magisterio.

Edith Henriette Martina Goylo, nació en Cali, de padres curazaleños; Édgar Martina y Rosa Amalia Goylo. Su padre estudió Ingeniería Química en Medellín y regresó a Curaçao donde lo esperaba su novia, la madre de Edith. Regresaron a Colombia para casarse y establecerse en Cali. Así, Edith tiene dos hermanos que nacieron en Medellín. Su padre fue contratado como profesor de la Universidad del Valle, y es por ello que ‘Dita’ nace en Cali, como otra de sus hermanas que vino al mundo en una casa de San Fernando Viejo. Edith es la menor, y nació en una de las casas que bordean el Parque del Perro, cuando se llamaba Parque del Corazón. Así que ella trabaja hoy muy cerca del lugar donde nació.

“Cuando cumplí los cinco años de edad, la Universidad del Valle abrió el Estudio Musical Básico para niños, con el Maestro Simmar y la maestra Lucía. Hice parte del primer semillero; éramos todos hijos de los profesores. Mi padre, Edgar Martina, fue violinista de la Orquesta Filarmónica de Medellín. También tocó clarinete”, dice.

Dita estudió hasta cuarto de primaria en el Colegio Divino Salvador, y luego culminó en La Sagrada Familia, en El Peñón. Para entrar al coro de la Universidad del Valle, era preciso estar en tercer semestre. Pero le permitieron ingresar desde el primer semestre, previo examen. Su director fue el maestro español Vicente Sanchís. “Su fuerte era la música popular colombiana y latinoamericana. Como coro universitario, nos invitaban a cantar con orquestas. De las obras que más recuerdo de esa época, el Alexander Nevski de Prokofiev. Con el coro viajamos bastante, llevando la música colombiana”, dice.

Se vinculó al Instituto Popular de Cultura en 1987, con la rectoría de Margarita Trejos de Meza, y la coordinación de Carlos Montoya. En ese momento, ya hacia parte del Coro Polifónico de Cali dirigido por la maestra Marta Lucía Calderón. El coro del Instituto lo dirigía Miguel Ángel Caballero, quien hoy reside en Popayán; “Hacíamos parciales y reuniones con ellos. Un día teníamos presentación en el Parque Panamericano, a la cual Miguel Ángel no pudo llegar. Carlos Montoya, quien había sido profesor mío en la universidad, me dijo: ‘Tú tienes buena empatía con los muchachos del coro; por qué no diriges’. Inicialmente me negué, pero me dijo, ‘súbete y diriges’, y así fue. Con el coro del IPC hace música popular colombiana y latinoamericana, e igual pueden cantar el ‘El birimbí’, del folclor del Pacífico, el son ‘Dulce embeleso’, de Miguel Matamoros, o la composición ‘Oh que será’, de Chico Buarque. Trata de vincular a jóvenes a los trabajos sinfónicos corales, los anima en este propósito.

Con el coro Martina tienen una melodía en papiamento, ‘E mariposa’: “Con ello ocurrió algo muy hermoso, porque estuvimos en el 2008 en Curaçao y cuando cantábamos veía a los miembros del coro con una sonrisa de oreja a oreja y no sabía por qué estaban tan felices. Luego les pregunté y me dijeron que observaban cómo todo el público estaba cantando también. Esta composición es ahí como ‘Los pollitos” en Colombia’, rememora.
Sigue en Twitter @cabomarzo

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