Univalle y don Tulio Ramírez

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Univalle y don Tulio Ramírez

Junio 15, 2020 - 11:55 p. m. Por: Mario Fernando Prado

Seguramente la mayoría de los 110 mil egresados y muy pocos de los actuales 30 mil estudiantes de la Universidad del Valle -que celebra por estos días sus 75 años de fundada- no tienen ni la menor idea de quien fue don Tulio Ramírez.

Hizo bien por tanto su actual rector Édgar Varela Barrios, en recordar a quien fundó el Alma Mater vallecaucana, rindiéndole un postrer homenaje a esa persona que en su momento fue tildado de no ser más que un loquito soñador empeñado en un proyecto que en su época no tenía ni pies ni cabeza.

Don Tulio, hijo ilustre de La Unión, Valle, fue siempre nada más que un maestro dedicado a la docencia y la decencia, que fuera concejal de Cali, secretario de Educación y fundador del Instituto Antonio José Camacho.
De una modestia excesiva, cuando lanzó la idea de crear una Universidad para este departamento, se le burlaron en la cara.

Aquí, quienes querían acceder a los estudios superiores que llamaban, tenían tres opciones: O irse a Popayán en donde además conseguían esposa, o someterse a las inclemencias del clima en la helada Bogotá o salir del país, privilegio de pocos.

Así que crear una Universidad en medio de este calor infernal constituía una utopía en el final de la Segunda Guerra Mundial, época en que no había un peso para nada y menos para una institución de estudios profesionales.

Para completar el absurdo, a don Tulio se le ocurrió que su nombre debería ser Universidad Industrial del Valle del Cauca.

¿Universidad aquí? Se preguntaban. ¿Y además, industrial, si aquí no hay industrias? Se volvían a preguntar.

Pero pudo más su tenacidad y a los trancazos logró que la honorable Asamblea Departamental aprobara tal iniciativa y -repito- contra viento y marea se creó la que es hoy la tercera universidad de Colombia, con un reconocimiento internacional de primer orden y una bien ganada reputación, entre otras cosas por su calidad académica, sus investigaciones y su permanente capacidad de acertar con sus programas académicos siempre acordes con el desarrollo y las necesidades del país.

Don Tulio se retiró a los cinco años de cristalizada su iniciativa y se dedicó a lo que siempre supo hacer: educar para el progreso como profesor y luego como decano de los Estudiantes, lapso en el que recibió los más altos honores patrios incluyendo un merecidísimo Honoris Causa, que aunque le valió para que le dijeran doctor, quiso seguir siendo llamado simplemente don Tulio, y así murió.

Ahora que está tan de moda ponerle tapabocas a las estatuas y hasta bajarlas del pedestal, qué bueno sería que se erigiera una estatua o un busto en honor de este patriarca que sí se lo merece pues con su idea hizo posible que el Valle se convirtiera en un departamento Industrial sin dejar de lado las humanidades, las artes y el hoy llamado clúster de la salud.

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