La tía Maruja 525920
Si de algo me arrepiento en esta vida es de no haber...
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17 de mar de 2020, 11:25 a. m.
Actualizado el 26 de abr de 2023, 08:43 a. m.
Si de algo me arrepiento en esta vida es de no haber ido a visitarla. Fui un ingrato con ella. Siempre dejando las cosas para otro día, o con el argumento imbécil de no tener tiempo, pospuse esas citas hasta que -hoy hace un mes- me llamaron para decirme que había fallecido.Me descompuse con la cobardía de quienes no hicimos en su momento lo que debimos hacer y tan solo pude adentrarme a evocar lo que significó para mi vida esa persona que nos cantaba una vieja canción -Los Cisnes- con su tersa y afinada voz.Vuelven entonces a mi mente los veraneos en Las Nieves en donde al igual que Aura Lucía- transcurrieron mis mejores momentos de esa adolescencia que nos obligó a dejar de ser niños aún en contra de nuestra propia voluntad.A la tía Maruja mi madre le confiaba este pechito, para que me fuera con mis primos y primas los dos meses que duraban las vacaciones, a ese paraíso allá, allá en la montaña, allá cerquita del río. El primer beso en la cueva de Luis Cocha. Las cometas y los faroles. Las subidas a la torre de televisión, las voladas a Felidia con mi primo Pipo a ver bailar a los de la barra de El Triángulo. El temible columpio de vuelo con sus cusqueñas y margariteñas. Los santos rosarios rezados religiosamente todas las noches por Manuel Jota, de quien decía mi abuela -mientras este hacía picardías con su cuerpo debajo de una ruana- El Niño va a ser obispo. Las agüepanelas con limoncillo. Las lámparas Coleman. Su esposo don Jesús María relatándonos las novelas de Julio Verne. Las batidas del manjar blanco en los diciembres en jornadas interminables. La casa de madera, bahareque y techo de zinc que crujía con los ventisqueros tempestuosos en medio de la oscuridad de las noches. Las lunadas olorosas a pino...Gratos recuerdos ya extraviados que galopan en mi memoria, todos ellos bajo la égida de esta mujer con una permanente alegría a flor de piel que sin embargo fue estricta y regañona como correspondía al recio carácter que la acompañó durante los escasos 96 años que vivió en uso pleno de sus facultades mentales.Nunca dejaba de entonar -y vuelvo con la canción- la última parte de Los Cisnes, enfatizando siempre en aquella estrofa que dice: Mujeres y hombres / que escuchan la historia/ y aman cual los cisnes / con ciega pasión / serán sus hogares / un templo sagrado/ donde se comulgue / con hostias de amor.La Tía Maruja, siempre maliciosa, solía mirarme a los ojos de manera inquisitiva y de vez en cuando me preguntaba, en qué es que andas, so muérgano, como imaginando cosas o tratando de sacar de mentira a verdad, aunque rematando con una sonrisa que cuando se volvía carcajada le iluminaba su rostro que siempre fue de niña mimada.Es difícil escribir sobre los afectos pero he querido inútilmente en esta lluviosa tarde de sábado rendirle un homenaje a esa figura diminuta que amaba a su familia, a su patria y por supuesto a ese pedacito de cielo allá, allá en la montaña, en donde seguramente estará en estos momentos a la espera de que esparzan sus cenizas luego de la misa de hoy a las 6 de la tarde en la iglesia del Berchmans.

Administrador de Empresas, Abogado y periodista por vocación. Director y fundador de MF Publicidad Mercadeo Limitada, al igual que de los programas Mario Fernando Piano y Oye Cali. Galardonado en dos oportunidades con el premio Simón Bolívar de periodismo. Escribe para El País hace más de 40 años.
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