Diana Uribe 429953
Desde que la escuché por primera vez en Caracol me llamó la...
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17 de mar de 2020, 11:23 a. m.
Actualizado el 26 de abr de 2023, 08:42 a. m.
Desde que la escuché por primera vez en Caracol me llamó la atención y fácilmente me volví su oyente fiel. Su manera de narrar la historia me recordó a quien fuera mi profesor de esa materia en mis años de bachillerato en el colegio Berchmans, el popular carelapiz, remoquete que se ganó por su flacura infinita que remataba en una cabeza igual de plana a la que lo único que le faltaba era el borrador.Carelapiz no nos enseñaba historia. Nos la narraba de manera tan coloquial que era la clase que más nos gustaba y décadas después apareció Diana Uribe ya no desde un aula sino desde un micrófono, totalmente desprovista de esa aura de olímpica sabiduría que suele rodear a los letrados.Su estilo sencillo, directo, incluso hasta elemental y campechano se sintonizó de inmediato con una radio audiencia de todos los colores, olores y sabores convirtiendo sus programas en un delicioso desayuno dominguero que debe tener un rating sin antecedentes en lo que se llama la audiencia de temas serios.Y así como decía Álvaro Castaño Castillo al referirse a la inmensa minoría que sintonizaba su emisora, hoy desfortunadamente desaparecida del dial pero que puede oírse por internet, Diana ha logrado cautivar a una inmensa minoría que la sigue con fruición y simpatía al punto que lleva ya varios cds finamente presentados que son compendios estupendos de la historia de la humanidad.Gracias a una gran amiga, tuve la oportunidad de conocerla y entrevistarla al lado de mi piano en que le toqué algunas canciones y ella de inmediato hizo referencia a un episodio histórico acorde a la música que estaba interpretando. Melodías como Éxodo, Lili Marlen, No llores por mi Argentina, Yesterday, La vie en rose y creo que hasta Juan Charrasqueado, fueron comentadas en ese reportaje con el que volví a participar en el premio Simón Bolívar y en el que no alcancé ni a la nominación por culpa -me dijeron las malas lenguas- de mi regular interpretación.La pasada semana Diana estuvo en Cali y dio no una conferencia de esas magistrales y aburridoras, sino una charla muy a su estilo, un conversatorio como dicen ahora, que colmó el Salón del Lago del Club Campestre en el que durante más de dos horas cautivó a un auditorio que no deseaba que terminara de echar el cuento.Al otro día la llamamos del programa radial Oye Cali -y perdón por la cuña-y entre las muchas cosas que nos comentó fue su apreciación en torno al proceso de paz que estamos padeciendo y reiteró su apoyo al mismo no sólo desde el punto de vista histórico sino como colombiana que desea lo mejor para su país.La Uribe expresó que así nos tengamos que tragar todos los sapos del mundo y soportar los vejámenes propios de las guerras más sanguinarias, la oportunidad de poder acabar con una confrontación que lleva más de medio siglo, no la podemos perder. Citó entonces el caso de Irlanda y recordó que la paz no se hace entre amigos sino entre enemigos y que la negociación no se está adelantado con ángeles de la guarda.Ojalá los colombianos tuviésemos la oportunidad de oír más a menudo a Diana Uribe, un verdadero bálsamo para entender a la humanidad a través de la historia que con tanto acierto y -repito- amenidad nos entretiene todos los domingos.

Administrador de Empresas, Abogado y periodista por vocación. Director y fundador de MF Publicidad Mercadeo Limitada, al igual que de los programas Mario Fernando Piano y Oye Cali. Galardonado en dos oportunidades con el premio Simón Bolívar de periodismo. Escribe para El País hace más de 40 años.
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