Carta de una payanesa 59067

Mariana Garrido Hormaza es una payanesa, que no popayaneja, que estudia Administración...

GoogleSiga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

17 de mar de 2020, 01:31 p. m.

Actualizado el 26 de abr de 2023, 09:09 a. m.

Mariana Garrido Hormaza es una payanesa, que no popayaneja, que estudia Administración y Artes en la Universidad de Los Andes. Vive en Bogotá por razón de sus estudios y aprovecha cualquier puente o vacaciones para volver a su ciudad natal.Así sucedió en la pasada Semana Santa que para los oriundos de la ciudad blanca es visita obligada. Mariana se estrenó este año como sahumadora, honor que comparte con un selecto grupo de payanesas quienes deben cumplir unos requisito por demás estrictos para merecer tal distinción.Sin embargo, se llevó una gran desilusión la cual está plasmada en la carta que reproduce Sirirí a continuación y que lejos de encender una mecha e iniciar una polémica -con ex comunión incluida- es un llamado de atención para las autoridades de la capital del Cauca, en boca de una persona que a pesar de sus 20 años tiene los arrestos juveniles que la acreditan para poner el dedo en la llaga.He aquí lo que dice Mariana:“Este año era mi oportunidad para salir de sahumadora en las procesiones de Popayán. Estuve preparándome para este momento durante varios meses y esperándolo durante muchos años. Sabemos que la experiencia es única e irrepetible y la verdad sí que fue única y no sólo por la vivencia como tal, sino como ‘patoja’ en una Semana Santa que no reconocí.Llegar al centro de Popayán fue casi imposible: oleadas de vendedores ambulantes gritando y ofreciendo sus productos junto a las gigantescas pancartas y vallas publicitarias que deslucían la belleza de la ciudad y confundían el sentido de la Semana Mayor con el de una feria día y noche, incluso durante el recorrido de los pasos de las procesiones.Al inicio y durante toda la Procesión se escuchaba el sonido de los celulares y el cuchicheo de quienes los contestaban, además de las bombas de helio a la altura de los pasos, el olor a fritanga, los fotógrafos y las personas atravesando las calles y los espectadores gritando “sahumadora mamacita” y “esa sí que está buena”, todo ésto sin recibir ningún llamado de atención de las autoridades presentes y menos aún de los Regidores; son una muestra de la decadencia que vive hoy la ciudad de Popayán y su tradición, dando nacimiento a lo que yo llamo ‘Nueva Semana Santa’, tan nueva como mi indignación y congoja.Porque hay que ser claros y con tristeza admitir que la solemnidad, el fervor y el respeto frente a la Semana Mayor y a las procesiones, con que crecimos quienes de verdad nos sentimos y somos payaneses, ha desaparecido.Espero que las voces de los patojos que piensan lo mismo se hagan oír y dejemos atrás tantos prejuicios y el qué dirán. Derrumbemos esta indiferencia y afrontemos el problema como debe ser: metiéndole el hombro a una tradición de más de cuatro siglos que no se puede acabar por el capricho de unos vándalos e ignorantes irrespetuosos.Es un problema que, repito, debemos afrontar como sociedad con la ayuda de las autoridades civiles y religiosas, pero admitiendo que es necesario replantear lo que se está viviendo en Popayán”.Ojalá está denuncia de Mariana Garrido sirva no para tapar el sol con las manos y no aceptar la realidad sino para, de consuno, hacer que la Semana Mayor recobre su solemnidad y no se permitan más desafueros, porque incluso y como dijo alguna vez doña Nieves Zorrilla “hubo hasta bala”…

Administrador de Empresas, Abogado y periodista por vocación. Director y fundador de MF Publicidad Mercadeo Limitada, al igual que de los programas Mario Fernando Piano y Oye Cali. Galardonado en dos oportunidades con el premio Simón Bolívar de periodismo. Escribe para El País hace más de 40 años.

Regístrate gratis al boletín de noticias El País

Descarga la APP ElPaís.com.co:
Semana Noticias Google PlaySemana Noticias Apple Store

AHORA EN Mario Fernando Prado