Gobernantes sordos y ciegos

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Gobernantes sordos y ciegos

Octubre 24, 2019 - 11:50 p. m. Por: María Elvira Bonilla

Explosiones ciudadanas en Hong Kong, Francia, Haití, Líbano, Ecuador, Cataluña y ahora Bolivia y Chile, se convierten en movilizaciones sociales furiosas de gente anónima, desesperada, haciéndose oír, así sea a las malas. El disparador puede ser cualquier cosa: el alza en los impuestos como ocurrió en el Líbano, una ley de extradición como en Hong Kong, el incremento de la gasolina que encendió los chalecos amarillos en París, igual que en el Ecuador o el aumento del pasaje del metro como acaba de suceder en Chile.

Son chispas que encienden el fuego de una protesta producto de una insatisfacción que se convierte en una olla de presión que explota advirtiendo un problema de fondo: la inequidad que ha profundizado un modelo fallido que tendrá que necesariamente ajustarse o incluso reinventarse con su galopante acumulación de riqueza en poquísimas manos frente a la multiplicación de miserables en el mundo que vuelve vulnerable a cualquier sociedad.

Voces ciudadanas con rabia acumulada que salen a la calle, casi a la deriva, convocados por nadie; por su desespero y urgencia de transformar su asfixiante cotidianidad. A través de cadenas de WhatsApp, Facebook, Instagram y Twitter, las incómodas redes sociales que le han dado voz al ciudadano del común, se conectan para citarse en puntos específicos y empezar a marchar. En Barcelona la herramienta fue una aplicación para móviles, bautizada iniciativa ‘Tsunami Democràtic’ que permitió articular círculos de amigos, igual que en el Líbano y en Hong Kong donde la multitud de jóvenes que llevan movilizándose dos meses la tenía clara: debían transformarse en una masa de sujetos sin rostro para poder sacarle el quite a la represión en un país probadamente autoritario. Finalmente son olas de gritos anónimos en contra de gobernantes, políticos y tomadores de decisiones que han resultado equivocadas incapaces de generar bienestar y por el contrario no han hecho otra cosa que incubar una creciente infelicidad.

Los que salen a la calle -distintos son los infiltrados que caotizan e inyectan de violencia la protesta- son gente que, como se dice vulgarmente, está mamada. Basta escucharlos para entender que no tienen nada que perder. El Mea culpa del presidente chileno Sebastián Piñera a través de su cuenta de Twitter lo dice todo: acogemos con humildad legítimas demandas sociales y mensajes que los chilenos han entregado. Es verdad que problemas se acumulaban desde hace décadas y los distintos gobiernos no fuimos capaces de reconocer situación en toda su magnitud. Reconozco y pido perdón por esta falta de visión- (que tampoco tuvo en su primer gobierno), es una señal inequívoca de lo aislados que se vuelven los gobernantes producto de esa pérdida de brújula que genera el encierro en palacetes, cercados por sus áulicos.

Las cifras macroeconómicas con las que se mueven velan las realidades humanas volviéndolas estadísticas acomodaticias para justificar sus erráticas actuaciones. Hay que verlos embelesados con el maquillaje del éxito coyuntural pegados a las mediciones de favorabilidad en las encuestas que alimenta la pérfida vanidad, a costillas del bien común. Y Colombia no escapa a esto, y bien vale la pena escuchar el llamado de Piñera, antes de que sea demasiado tarde.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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