Co-avales, un negocio electoral

Co-avales, un negocio electoral

Agosto 01, 2019 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

La feria de avales y co-avales en cabezas de los representantes legales, gerentes y directores de los partidos en competencia para alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas es el rasgo característico de estas confusas elecciones del próximo octubre. Los partidos no cuentan ya como centros de pensamientos o de construcción programática ni de organizaciones de base para ir construyendo liderazgos, lo que fueron ya en un pasado lejano. El pragmatismo manda y de lo que se trata hoy en día es del engranaje para asegurar transacciones, con sabor oportunista que ahora tienen un nuevo ingrediente: la plata.

Por cuenta de la recién estrenada Ley de equilibrio de poderes, los partidos que co-avalen tienen el camino abierto para participar de la torta millonaria que entrega el Consejo Nacional Electoral vía la reposición de votos de Acuerdo al número de sufragios obtenidos. El tema ahora es de sumas y restas, valores que se tasan de acuerdo a la fuerza electoral, un asunto de negocio para llegar al poder sin propósito colectivo con rédito social que se supone es el sentido de la política en escenarios democráticos. Las cuentas ahora son de billetera y no de propósitos políticos en esos escenarios democráticos.

Este perverso engendro terminó de desnaturalizar la contienda electoral. Los partidos quedaron reducidos a una caparazón formal con un empoderado representante legal que decide, primero, a quien avala y, luego, a quien co-avala. La retribución económica a las aliadas sumada a la existente ya, que era básicamente burocrática y de contratos a futuro, ha despertado la ambición, en una carrera en la que el ex presidente César Gaviria, puede declararse campeón.

Va a resucitar el derrotado Partido Liberal a punta de coavales con cinismo, sin consideración de postulados políticos, ni programas ni mucho menos convicciones ¿qué es eso? Con la elasticidad necesaria para juntársele a quien lidere la contienda municipal o departamental con un único objetivo: llegar al poder. Así las cosas Gaviria, Uribe y Pastrana, contradictores de décadas, van a terminar arropados por la misma sabana, como se está dando en el Atlántico con la candidatura de Elsa Noguera, quien recogió a todos los partidos, a excepción de la izquierda que estará alrededor de la candidatura de Nicolás Petro. El saldo final es una contienda electoral montada sobre un individualismo y personalísimo ramplón en donde el único que manda es el candidato puntero quien de llegar a gobernar, lo hará a su amaño sin rendirle cuentas a nadie.

El mosaico de Cali y el Valle es la mejor evidencia del despelote electoral. Para la gobernación, Clara Luz Roldán, copartidaria de la actual mandataria, de Dilian Francisca Toro, tiene el coaval de todos los partidos a excepción del Centro Democrático que se la está jugando por el dirigente gremial Francisco Lourido. Por la Alcaldía, la repartija de avales están entre el Chontico y Jorge Iván Ospina a donde llegó, inexplicablemente, el Partido Liberal de Gaviria. El tercero de los favoritos, Alejandro Eder, mantiene una candidatura independiente avalada por firmas, sin jugarle al inmediatismo oportunista, como debería ser la política: una siembra en el tiempo abonada con propuestas coherentes así la primera cosecha no sea la ganadora. Tan lamentable como crucial la contienda electoral que nos espera en octubre.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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