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Luz y sal: fundamental para ser cristiano
En cuanto más fuerte se hace ese ambiente del mundo, más necesario es el trabajo de la evangelización para recuperarle al hombre, en su corazón y conciencia, el deseo por lo eterno.
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8 de feb de 2026, 01:22 a. m.
Actualizado el 8 de feb de 2026, 01:22 a. m.
Por Monseñor Rodrigo Gallego Trujillo, obispo de Palmira.
La luz y la sal, figuras usadas por Jesús en este texto del Evangelio de este domingo (Mateo 5,13-16), nos indican dos realidades muy serias de la vida cristiana: testimonio creíble y santidad de vida, tarea no muy fácil de hacer, mucho más, cuando el ambiente del mundo pretende borrar los signos de Dios para el ser humano e imponernos un estilo de vida sin ‘Dios y sin ley’. Pero, precisamente, en cuanto más fuerte se hace ese ambiente, más necesario es el trabajo de la evangelización para recuperarle al hombre, en su corazón y conciencia, el deseo por lo eterno.
¿Cómo puede creer el hombre de hoy que no ha recibido elementos de Evangelio? Pues, debe creer a través de ‘aquello que ve’ en los que si creen y quieren seguir al Señor; allí está la importancia de las obras que vienen a ser ‘como el revelado’ de la vida espiritual interior. La misión exige coherencia total de vida, exigencia evangélica, honestidad probada y virtud sólida; no se puede creer decididamente en algo que muestra signos de ambigüedad y mediocridad; no se puede entusiasmar al no creyente, a creer, cuando hay un pobre testimonio de vida, oración superficial y escasas obras de luz. En medio de tantas tinieblas, la luz cristiana brilla.
Si la sal está para dar ‘gusto’ y sazonar para que el alimento sea sabroso, entonces, el cristiano debe ser ‘el gusto de Dios’ en la sociedad, “la sazón” inequívoca que muestra el genuino sabor del Evangelio que satisface y ‘deja más ganas’ por seguir degustando las cosas de Dios. Pero, también, la sal tiene la virtud de conservar los alimentos; diríamos que el cristiano está llamado a conservar las virtudes cristianas entre los hermanos, mucho más en aquellos que van torciendo o perdiendo el camino y se postran ante dioses falsos e ídolos inertes. El cristiano, finalmente debe ser una luminaria que disipe las tinieblas que nos ocultan el camino o nos ‘disfrazan’ los peligros del sendero; una buena iluminación nos indica con certeza los pasos a seguir.
Mensaje escrito por el Arzobispo de Cali y sus obispos auxiliares para los lectores de El País.
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