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Aura Lucía Mera

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La naturaleza del escorpión

Un claro mensaje al presidente de que los colombianos, de todos los estratos, no estamos de acuerdo y rechazamos la forma en que está gobernando.

23 de abril de 2024 Por: Aura Lucía Mera

Cuenta la leyenda que un escorpión necesitaba pasar al otro lado de un lago y le pidió el favor a una ranita que le permitiera subir en su lomo para ayudarlo a llegar al otro lado. La ranita le respondió que tenía miedo de que le clavara la ponzoña y ambos murieran… El escorpión le prometió que no lo haría porque se ahogarían ambos. La ranita aceptó.

Ya en la mitad del viaje, rodeados de agua por todas partes, el escorpión le clavó la ponzoña.

¿Por qué lo hiciste? -le preguntó la ranita- Nos vamos a ahogar los dos”.

- “Lo siento mucho -contestó el escorpión-, pero esta es mi naturaleza, no puedo cambiarla”. Y se ahogaron…

Leyenda o fábula antiquísima, de origen desconocido, aunque muchos la atribuyen a Esopo. Su enseñanza nos alerta sobre personas que simplemente no pueden cambiar. Son así, punto final. Como reza el dicho popular, ‘no se pueden esperar peras del olmo’, así insistamos o le recemos a las once mil vírgenes o a los santos de los imposibles.

El presidente Gustavo Petro no va a cambiar. En su discurso de posesión prometió cosas coherentes, de reconciliación, respeto, anunció cambios necesarios sin atropellar a nadie, proyectos de salud, educación, empleo, restitución de tierras, paz. Colombia respiró un aire de esperanza y, como la ranita de marras, confió en él para atravesar juntos y llegar al otro lado donde todos se unirían para lograr un futuro mejor. La orilla que dejarían estaba colmada de sangre, dolor, polarización, odios, inequidad. La travesía la harían juntos.

Ya en mitad del camino las cosas cambiaron abruptamente. El aguijón se fue retorciendo y las cosas se fueron poniendo color de hormiga. El lomo de los colombianos se empezó a sentir incómodo y las aguas del lago se fueron enturbiando. Se desdibujaron las promesas, el aire se enrareció, el horizonte se llenó de nubes grises y amenazadoras.

La zozobra y la inquietud empezó a recorrer el espinazo de los habitantes de la otra orilla. Los cambios esperados con fe se desvanecían. Asesores idóneos fueron lenta, pero inexorablemente desplazados por otros sin experiencia, áulicos, sumisos. Y la naturaleza rencorosa, parcializada, soberbia, incoherente y mesiánica, su verdadera naturaleza empezó a salir del caparazón. Su verdadero Yo, el único que tiene y siempre ha tenido, el camuflaje, se le está desvaneciendo.

Colombia, esa orilla que lo esperaba con ilusión, empezó a sentir el desconcierto. Cambiaron el guion, el inicial, y lo están reemplazando por panfletos, maturrangas, sembrando inquina, todos sus movimientos fríamente calculados, como los del escorpión, para clavar su aguijón el día señalado.

Así será si lo permitimos. Las señales están dadas. Nadie de ningún estrato social o económico, citadino o campesino, empresario o trabajador, podrá afirmar que lo emponzoñaron por sorpresa.

No podemos bajar la guardia, Colombia no puede permitir que la sigan engañando, no puede permitir que la sigan dividiendo y desflecando en trocitos. Al escorpión no le interesa la otra orilla. En su naturaleza está clavar el aguijón. No puede cambiar.

Los colombianos somos responsables, todos y cada uno, de permitirlo o no.

Las marchas del domingo pasado fueron multitudinarias. Superaron expectativas. Un claro mensaje al presidente de que los colombianos, de todos los estratos, no estamos de acuerdo y rechazamos la forma en que está gobernando. Totalmente fuera de la realidad, a base de sofismas, ánimo revanchista, resentimiento, frivolidad pasmosa y mentiras. Ya el país no le está comiendo cuento. La ‘ranita’ no se va a dejar emponzoñar.

¡Respete las instituciones! ¡No pretenda saltárselas a garrocha limpia! La democracia es más fuerte que su naturaleza de escorpión. ¡Si quiere lograr el cambio, el que tiene que cambiar es usted!

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