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La estrella que no se pisa
Hip Hop al Parque nació para darle voz a la inconformidad. Pero la inconformidad no es licencia para convertir la identidad ajena en blanco de desprecio.
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29 de oct de 2026, 12:28 a. m.
Actualizado el 29 de oct de 2026, 12:28 a. m.
El sábado 24 de octubre, durante Hip Hop al Parque, en Bogotá, la rapera Chelo Hop pisoteó una bandera de Israel mientras coreaba consignas por Palestina, según videos difundidos en redes. Dos días después, la embajadora israelí, Vivian Aisen, rechazó el acto y pidió a la Alcaldía y a la Cancillería pronunciarse. Lo que parecía un gesto de tarima terminó planteando una pregunta incómoda: qué tolera Colombia y qué no.
Una bandera no es un trapo. Carga la memoria de un pueblo, y nadie la pisotea por accidente.
En 1989, en Texas contra Johnson, la Corte Suprema de Estados Unidos amparó a un manifestante que quemó la bandera de su propio país: el Estado no puede castigar una idea solo porque la sociedad la encuentre repugnante. Colombia llegó a la misma conclusión en 2009, cuando su Corte Constitucional tumbó el delito de ultraje a los símbolos patrios. Hoy ni siquiera pisotear la bandera de Colombia es delito. Pero que algo sea legal no lo vuelve decente, y el rechazo moral, político e institucional es la sanción que sí corresponde.
Defender a los palestinos, pedir el fin de la guerra y denunciar el sufrimiento de los civiles en Gaza son posiciones legítimas, y ninguna requiere humillar la bandera de Israel. Criticar a un gobierno no es atacar a un pueblo, y quien no sabe distinguirlo suele estar buscando lo segundo.
Hay una línea que conviene mirar de frente. En el centro de esa bandera está la estrella de David, el símbolo más representativo y significativo del pueblo judío: presente en sinagogas y tumbas, y convertida por los nazis en marca de persecución. Pisotearla no es pisotear cualquier otra tela. Cuando el desprecio por un Estado se desplaza hacia las personas que ven en ese emblema su identidad, el asunto deja de ser geopolítica y roza el antisemitismo. No tengo pruebas de la intención de la artista, y sin pruebas no la acuso; pero el símbolo explica la herida. La acusación pesa, y lanzarla ante cada protesta solo les hace un favor a quienes sí odian.
El contexto importa. Petro rompió relaciones con Israel en mayo de 2024; el Gobierno de Abelardo de la Espriella las restableció el 11 de agosto y volvió la exención recíproca de visado. Esa nueva etapa no debería contaminarse por un episodio de calle. La Ley 1482 de 2011 sanciona la discriminación y el hostigamiento por razones como la nacionalidad o la religión, pero exige conductas concretas: impedir arbitrariamente derechos u hostigar para causar daño a personas. Pisar una bandera no encaja de forma automática, y todo depende de los hechos y del debido proceso. Fabricar delitos por conveniencia diplomática, aun a favor de un aliado, sería peor que el gesto.
La regla debe ser una sola. Si se persigue el discurso de odio contra los judíos, se persigue el que apunta a cualquier otro grupo. Si se tolera la protesta contra Israel, se tolera también la que incomoda a la derecha.
Hip Hop al Parque nació para darle voz a la inconformidad. Pero la inconformidad no es licencia para convertir la identidad ajena en blanco de desprecio.
Una sociedad libre soporta que alguien pisotee una bandera. Lo que se le exige es defender el derecho a protestar, combatir el antisemitismo y no confundir ninguna de las dos tareas con censura. Colombia estrena una etapa con Israel. Que sea una amistad entre países, y no una excusa para perseguir ideas.
@rosenthaaldavid
6024455000





