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El futuro del Valle: una década que puede cambiarlo todo

El futuro puede ser prometedor, pero no está garantizado. Dependerá de decisiones nacionales, de nuestra capacidad de gestión y, especialmente, de la unidad regional.

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Edwin Maldonado, candidato a la Cámara de Representantes: Foto: campaña
Edwin Maldonado. | Foto: El País

29 de oct de 2026, 12:35 a. m.

Actualizado el 29 de oct de 2026, 12:35 a. m.

Durante años hemos asistido a innumerables encuentros sobre los mismos proyectos de infraestructura del Valle del Cauca. En el reciente encuentro de la Cámara Colombiana de la Infraestructura, esa frustración volvió a expresarse. Pero también quedó un mensaje esperanzador: debemos confiar en que esta vez seremos capaces de sacar adelante las obras pendientes y convertir la próxima década en un período de prosperidad y desarrollo para nuestra región.

El costo de la reconstrucción tras el terremoto del 10 de agosto se estima, según el Gobierno, en $54 billones para todo el país, de los cuales entre $17 y $18 billones corresponderían al Valle del Cauca. Son recursos aún no asegurados por completo y un desafío para las finanzas públicas.

A esto se suma una cartera de grandes proyectos de infraestructura. Algunos ya avanzan, como Buga–Buenaventura, con una inversión de $4,9 billones y un 33 % de ejecución; la Nueva Malla Vial del Valle, con $2,4 billones; y Vías del Samán, con inversiones estimadas cercanas a $500.000 millones. Son obras fundamentales, aunque buena parte de su financiación proviene de los peajes que pagamos los usuarios.

Otros proyectos podrían destrabarse en el corto plazo. La nueva concesión del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón contempla inversiones estimadas en $4,3 billones y se espera adjudicar en 2027. También está Mulaló–Loboguerrero, cuyo costo de referencia ronda los $2,8 billones, aunque podría aumentar según cómo se resuelvan las controversias sobre el equilibrio económico del contrato. A ellos se suma la profundización del canal de acceso a Buenaventura, con inversiones que podrían acercarse a $1 billón.

El Tren de Cercanías, cuya primera fase requiere cerca de $12 billones, enfrenta un desafío mayor: asegurar la cofinanciación nacional y las vigencias futuras, en medio de las restricciones fiscales. Pero su aplazamiento no puede convertirse en abandono.

Solo con la reconstrucción y estos grandes proyectos hablamos de una agenda de inversión potencial cercana a $45 billones. Una cifra enorme, aunque no toda corresponde a recursos pendientes de ejecutar ni está garantizada su financiación. Si se ejecutara en diez años, equivaldría a unos $4,5 billones anuales: cerca del 2,5 % del PIB del Valle (unos $181 billones en 2025, según el Dane). Su materialización no solo transformaría nuestra conectividad y competitividad, sino que ampliaría nuestra capacidad productiva y nos permitiría aprovechar el empleo y el impacto, vía insumos y encadenamientos productivos, para potenciar el desarrollo social, siempre que participen empresas y trabajadores de la región.

A esta agenda deberán sumarse las inversiones en vías secundarias y terciarias de los planes nacionales. El Gobierno Nacional ha planteado una apuesta ambiciosa, pero será fundamental saber cuánto llegará al Valle y cómo se articulará con la conectividad de nuestros municipios. Igual de clave es cuánto logre movilizar el Valle con Obras por Impuestos para la reconstrucción, habilitadas por decreto: dependerá del cupo del Confis y de proyectos bien estructurados.

Y mientras trabajamos por concretar estas iniciativas, debemos comenzar a preparar las siguientes. El Tren del Pacífico, las demás fases del tren de cercanías, la conexión de Buenaventura con la Orinoquía y la navegabilidad del río Cauca son apuestas que pueden redefinir nuestra infraestructura durante las próximas décadas.

Sin embargo, hay una realidad que no podemos olvidar: durante este siglo, las grandes obras del Valle con aportes directos de la Nación han sido escasas; sobresalen el MÍO y el Jarillón de Cali. Entre 2012 y 2022, de aproximadamente $95,6 billones de inversión nacional en infraestructura, al Valle apenas le correspondió el 3 %, pese a representar cerca del 10 % de la economía colombiana: una participación más de tres veces inferior a su peso económico, y durante el gobierno de Petro, entre 2022 y 2026, este panorama no cambió. No podemos continuar dependiendo principalmente de concesiones financiadas con peajes. ¿Cuánto de la inversión nacional de los próximos diez años llegará al Valle?

Por supuesto, el panorama no es sencillo: el deterioro de las finanzas públicas, la reconstrucción y los compromisos presupuestales obligan a recuperar la sostenibilidad fiscal. Las conversaciones con el FMI y el Banco Mundial pueden ayudar a encontrar financiación, pero será indispensable clarificar el marco fiscal y asegurar recursos nacionales. La reconstrucción no puede desplazar las inversiones ordinarias que necesita nuestra competitividad.

El futuro puede ser prometedor, pero no está garantizado. Dependerá de decisiones nacionales, de nuestra capacidad de gestión y, especialmente, de la unidad regional. Las diferencias políticas son legítimas, pero no pueden impedir que trabajemos juntos por el departamento. Gobernantes, congresistas, empresarios, gremios, academia y ciudadanía debemos construir una agenda común, con prioridades, responsables y resultados.

El Valle no puede seguir esperando a terminar las obras del pasado para comenzar a pensar en las del futuro. Tenemos una oportunidad histórica de reconstruir, transformar y proyectar nuestra región. Aprovecharla depende de nosotros.

¡Manos a la obra!

@edwinhmaldonado

Economista con maestría en políticas públicas.

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Gonzalo Gallo

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