La recuperación del HUV

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La recuperación del HUV

Enero 29, 2020 - 11:55 p. m. Por: Julio César Londoño

En 2015–2016 la crisis del Hospital Universitario del Valle tocó fondo. Sus pasivos sumaban $ 288.000 millones (una suma equivalente al 94% del presupuesto), tenía cuatro meses de atraso en los salarios, 7787 beneficiarios del pasivo prestacional, cerrados varios servicios básicos, 950 cirugías represadas, más de quinientos empleados innecesarios, carecía de insumos elementales, había renuncias masivas de médicos y amenazas anónimas a los directivos.

Las causas del desmadre no eran un secreto para nadie: corrupción, desgreño y alta rotación de personal. También atentaban contra el Hospital el poderoso músculo financiero de las IPS privadas y la alta carga social de las IPS públicas, que deben atender la población más vulnerable.

Entonces se estableció una minga formidable entre Univalle, la Gobernación del Departamento y el personal del HUV. El problema se atacó con una inteligente mezcla de gestión, voluntad política y gerencia hospitalaria, y pequeños actos heroicos, la generosidad de médicos, funcionarios y residentes que compraban con dinero de su propio bolsillo insumos y alimentos para los pacientes. También hubo acciones solidarias de hospitales y clínicas de la ciudad. Fue una minga bella y potente.

Un paso clave fue presentar a la Supersalud una reestructuración de pasivos para acogerse a la ley 550. La propuesta fue aprobada y permitió negociar con los acreedores en términos muy favorables para el Hospital. Luego siguió un trabajo inteligente y sostenido para mejorar la infraestructura, comprar equipos, reabrir servicios, humanizar la atención y subir la facturación, que pasó de los $ 165.000 millones de 2016 a los $ 376.000 millones de 2019.

Conozco las cifras porque acabo de editar, por encargo de Univalle, Al filo de la vida, un libro sobre la recuperación del Hospital. Así me enteré de proezas tan brillantes como la quimerización, una técnica que resuelve el problema del rechazo a los órganos trasplantados; de cosas tan sencillas y sanadoras como los programas que les brindan comodidades a los acompañantes de los pacientes hospitalizados; y de anécdotas tan conmovedoras como la de una madre analfabeta que adivinaba la historia de un libro ilustrado y le ‘leía’ un cuento a su pequeño hijo.

Si tenemos en cuenta que el HUV atiende a la población más vulnerable del suroccidente, una región con nueve millones de habitantes, su importancia social salta a la vista. El Universitario es el jarrillón de la salud del suroccidente. Su recuperación es otra batalla que la solidaridad le gana a la exclusión, que la paz le gana a la guerra, que la vida le gana a la muerte.

Falta mucho por hacer en el HUV y en el sistema nacional de salud en general, pero, como bien lo dice en el libro el exministro de salud y rector de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, “La franca recuperación del Hospital Universitario del Valle es un motivo de esperanza, una muestra de que el sistema de salud de Colombia tiene futuro y que los resultados sociales de la reforma podrán consolidarse en los años porvenir”.

A todos los que trabajaron en la recuperación del HUV, nuestra gratitud: Juan Carlos Corrales, exgerente del Hospital; Édgar Varela, rector de Univalle, la hermana mayor del Hospital, y Dilian Francisca Toro, alma y nervio de la recuperación del HUV. La médica trabajó con talento y denuedo, sacó adelante el Hospital y nos tapó la boca a sus detractores. ¡Chapeau!

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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