Columnistas
La práctica del engaño
Mirar la paja en el ojo ajeno, no en el propio, augura el poder de élites autoritarias que llegan para quedarse y someter a quienes no comulguen con su credo e intereses.
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18 de jun de 2026, 12:51 a. m.
Actualizado el 18 de jun de 2026, 12:51 a. m.
Algunos líderes políticos siguen el consejo de Nicolás Maquiavelo de mentir constantemente como forma de lucha para triunfar. El inconveniente está en los daños que causan porque destruyen instituciones y leyes para establecer nuevos modelos contrarios a lo prometido. Colombia no ha sido ajena a esa estrategia desde la campaña presidencial del 2022 hasta la actual.
Sin embargo, el círculo de politiqueros que resolvieron obrar con tal doblez no pasará, ni está en condiciones de lograr sus objetivos políticos e individuales, porque la permanencia y sistematicidad con que la usaron permitió descubrirla desde antes, durante este gobierno y en la actual campaña de Iván Cepeda. La ciudadanía se percató de sus intenciones e intentos de confundirla, así como de la personalidad de Petro, de su sucesor y de varios del equipo que hereda y le apoya.
Imposible olvidar la frase de la dirigente política que suena para el Ministerio de Hacienda del candidato Cepeda. Durante la campaña presidencial del 2022, se le escuchó: “Uno puede decir no, y después cambiar de opinión” (Audio, revista Semana). Así le restó importancia a una postura del entonces candidato Petro, porque una vez en el poder, se puede decir otra cosa. De los mismos realizadores, otro asesor aconsejó correr la línea de la ética.
Como ‘la constituyente’ despertó uno de los mayores temores y riesgos para la democracia, tras los resultados electorales de la primera vuelta suspendieron la recolección de firmas y se borró su mención en el plan de gobierno (aparecía 23 veces) en busca de votos del centro e indecisos. Es una burda maniobra, pues a nadie se le escapa que pronto revivirán ese objetivo, a fin de suprimir los controles y contrapesos consagrados en la Constitución Política de 1991, porque les estorban.
También se sustituyó la referencia a la paz ‘total’, de la que Cepeda es su arquitecto, por paz ‘integral’. Es un ingenuo maquillaje a su talón de Aquiles, pues ambos términos son semejantes, y porque los años de acercamiento, familiaridad y negociaciones con grupos armados criminales y narcotraficantes, con resultado ‘cero’, le restan en capacidad de ejecución y confianza, si se observa la increíble expansión de ellos e incremento en máximos históricos de acciones terroristas, reclutamiento de menores de edad, desplazamiento y soldados asesinados.
Tras las bases programáticas en un gobierno suyo, está la sombra de su respaldo a las largas dictaduras violadoras de derechos humanos y de su silencio ante los actos de corrupción, ya sea por afinidades ideológicas, cercanías o subordinación. Mirar la paja en el ojo ajeno, no en el propio, augura el poder de élites autoritarias que llegan para quedarse y someter a quienes no comulguen con su credo e intereses.
A la conducta deleznable de banalizar el mal y servirse de la criminalidad en ‘tarimazos’ y ‘acuerdos’, se añade la cuota de cinismo del Pacto Histórico al predicar desde un pedestal de superioridad moral que no tiene, desconociendo, en cambio, el resquebrajamiento de un gobierno y una ideología que disimula para continuar, a como dé lugar.
En entrevista a Le Progrés de Lyion, en 1951, el premio Nobel de Literatura Albert Camus, al relacionar los conceptos de odio y mentira, señaló que “La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa”.
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