Las verdaderas causas

Las verdaderas causas

Abril 21, 2019 - 11:55 p.m. Por: José Félix Escobar

Varios episodios de grave contaminación del aire en Bogotá y en Medellín han servido para que nuestro país encuentre el camino hacia las verdaderas causas. Las reacciones de primer momento culpan a los residuos de combustión de la mala calidad del aire en las principales ciudades colombianas. Desde luego que los motores que trabajan con combustibles fósiles y las industrias que lanzan a la atmósfera sus residuos, tienen mucho que ver. Es imperioso luchar por motores eléctricos o de combustión más limpia, al igual que por procesos industriales amigables con el medio ambiente.

Pero lo hasta ahora señalado no son más que los efectos. Las verdaderas causas del problema son el exceso de población y su mala distribución geográfica. Es reconfortante anotar que en un importante diario de la capital se ha publicado recientemente una columna de Juan Pablo Ruiz Soto (El Espectador, marzo 27), en la cual se señala sin ninguna duda que la concentración humana en la capital y el exceso de industrias en Medellín son las responsables del problema.

Muchos críticos han venido insistiendo en que la gran concentración económica gubernamental en la capital del país es perniciosa. Ruiz Soto propone que el Plan Nacional de Desarrollo se ocupe en la fijación de una política nacional de poblamiento que desestimule el crecimiento de las ciudades con provisión de agua y calidad del aire comprometidas. Se habla de situar las universidades en pequeñas o medianas poblaciones y asentar muchas agencias gubernamentales por fuera de las metrópolis.

Por coincidencia, el mismo problema de la concentración demográfica fue tratado con detenimiento por la publicación ‘The Economist’ del 4 de abril de 2019. Se destaca la decisión del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quién ha prometido colocar las principales Secretarías y Agencias gubernamentales en ciudades alejadas del Distrito Federal. La resistencia de los centralistas ha sido muy fuerte pero ya la Secretaría de Cultura funciona en Tlaxcala.

Países grandes y pequeños en todas las latitudes están adoptando políticas de desconcentración urbana. El pionero es Noruega, que ha sacado de Oslo decenas de oficinas gubernamentales. El paradigma ahora es mejorar la calidad de vida de los funcionarios y hacer ahorros en las cuentas públicas. Egipto por su parte, ante la caótica concentración humana de El Cairo, decidió construir una nueva capital alejada de la megalópolis. Iguales ejemplos se ven en Dinamarca, Japón y Australia.

El exceso de población está castigando duramente las reservas y recursos del planeta. No solamente se deben establecer programas demográficos de crecimiento moderado, sino que es hoy labor esencial de los gobiernos responsables mejorar la redistribución geográfica de los recursos humanos. Por ello posturas desarrollistas como la del alcalde Peñalosa en Bogotá no solo están fuera de foco; también reflejan una actitud pasada de moda. El cinturón de protección ambiental conocido como la reserva van der Hammen debe ser defendido a toda costa.

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La decisión del expresidente Alan García tuvo móviles personales que hay que respetar. Pero en lo político representa la creencia de muchos líderes de que ellos son inmunes ante la Justicia del Estado. También entre nosotros se escucha a los políticos calificar de ‘montajes’ las causas abiertas contra ellos.

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