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Libertad de prensa

Septiembre 16, 2020 - 11:40 p. m. Por: Jorge Restrepo Potes

Los regímenes dictatoriales -de derecha y de izquierda extremas- abominan de la prensa libre, pues como cuarto poder que es en los sistemas en que se le respeta, no les permite cometer ultrajes al Estado de Derecho porque sus atropellos son denunciados.

Por eso no hay libertad de prensa en China y no existió en Chile bajo Pinochet. Y tampoco la hubo en Colombia cuando el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez cerró el Congreso el 9 de noviembre de 1949, y luego impuso la censura a los medios liberales, periódicos y noticieros de radio.

Los diarios de la oposición -El Tiempo, El Espectador, Vanguardia Liberal de Bucaramanga, El Universal de Cartagena, El Correo de Medellín, El Liberal de Popayán, El Heraldo de Barranquilla- publicaban un recuadro en primera página, que rezaba: “Esta edición aparece bajo censura oficial”. Cuando el Gobierno se percató de lo mal que lo hacía quedar ante el mundo libre, prohibió el aviso pero los censores continuaron en su perverso encargo.

Rojas Pinilla lo hizo peor: montó la ‘Oficina de Información y Prensa del Estado’, dirigida por el abyecto Jorge Luis Arango, quien decidía lo que se podía y lo que no se podía publicar. Los columnistas tenían que ingeniárselas para burlar los ojos de los controladores, y recuerdo los deliciosos escritos de Klim, el mejor humorista político de todos los tiempos, que escribía de botánica e introducía entre tomates y cebollas duras críticas a los desvergonzados funcionarios. Tan terrible fue aquella época que cuando fue asesinado por sicarios oficiales Eduardo Correa, director de El Diario, periódico liberal de Pereira, en la carretera que une a ese municipio con Cartago, Rojas declaró en entrevista a El Comercio de Quito que había sido un accidente de tránsito. El director de El Tiempo, Roberto García-Peña, desmintió ese infundio y el periódico fue obligado a publicar durante un mes en primera página una retractación redactada por Lucio Pabón Núñez, ministro de Gobierno.

Ahora no hay censura a los medios de comunicación, pero están apareciendo nubes que oscurecen el panorama. La infame carta de Luis Guillermo Echeverri, gerente de la campaña presidencial de Iván Duque, a El País de España exigiéndole no publicar nada referente al senador Iván Cepeda, es una fotografía en tercera dimensión de la filosofía falangista que informa al actual Gobierno. Que una persona -la más cercana al Presidente- pretenda intervenir en la órbita de uno de los más importantes periódicos del globo, es monstruoso, pero no debe sorprender a nadie porque así actúa siempre este personaje, que no se ruborizó al consignar en esa carta que Álvaro Uribe es uno de los más importantes líderes políticos del mundo. Vaya, vaya.

Para no hablar de que aquí en nuestra parroquia, algunos de esa misma cuerda fanática han resuelto que ciertos funcionarios de este régimen son intocables, y que cualquier crítica a su gestión oficial es vitanda, porque confunden crítica con insulto, sin considerar que es en sus predios en donde más se estigmatiza y ofende a los contrarios.

Los liberales hemos librado una lucha de siglos por la libertad de expresión, y en nuestro suelo patrio don Antonio Nariño sufrió persecuciones sin cuenta por haber traducido y publicado los ‘Derechos del hombre y el ciudadano’, entre los cuales está la libre manifestación del pensamiento. Y ahí, los que aún seguimos defendiendo esos principios, continuaremos en ese empeño.

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