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Sembrando desesperanza

Noviembre 17, 2020 - 11:55 p. m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

En el número 15 de la carta encíclica ‘Fratelli Tutti’, del papa Francisco, encontramos una buena síntesis de la realidad política que vivimos actualmente; la forma de manipular y anestesiar las conciencias de aquellos que ideologizan en las redes sociales, con esa técnica de invadir la mente humana con ‘falsas noticias’: “La mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores”.

Mirar la actividad política de nuestra patria, desanima; en lugar de estar pensando que esta situación de emergencia debe unirnos para tratar de resolver las grandes desigualdades que se visibilizaron con este confinamiento: la insuficiencia técnica y de capacidad del sistema de la salud; el atraso inmenso en la tecnificación digital de la educación y de los mecanismos institucionales de información y comunicación de tal manera que sean extensivos a toda la población; el hambre de tantas familias; el desempleo, etc; pero para eso sí están preparados algunos políticos que buscando el poder a precio de exasperar, exacerbar y polarizar, utilizando el mecanismo político que asume como estrategia, ridiculizar, sospechar de sus opositores y cercarlos, para así negarles el derecho a existir y a opinar. “La política ya no es una discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el desarrollo de todos y el bien común, sino solo recetas inmediatistas de marketing que encuentran en la destrucción del otro el recurso más eficaz” (15).

Lo más importante para nosotros mismos es la vida y la casa en la cual nuestra existencia se hace posible, pero necesitamos constituirnos en un ‘nosotros’, pues todos estamos en la misma barca, pero pareciera que este cuidado no interesa a los poderes económicos que necesitan un rédito rápido. “frecuentemente las voces que se levantan para la defensa del medio ambiente son acalladas o ridiculizadas, disfrazando de racionalidad lo que son solo intereses personales” (17).

Estamos anestesiados en la conciencia por el consumismo, no vemos posibles otras formas de la convivencia humana, en la cual podamos vivir la amistad, la fraternidad, la hermandad y solo vemos en la reactivación de la economía, la salida positiva de esta pandemia, arriesgando la vida que es el valor esencial que sustenta todo lo demás y matando la posibilidad de la esperanza de una vida mejor: “Hay reglas económicas que resultaron eficaces para el crecimiento, pero no así para el desarrollo humano integral. Aumentó la riqueza, pero con inequidad y así lo que ocurre es que nacen nuevas pobrezas” (21).

El mundo avanzaba de manera implacable hacia una economía que, utilizando los avances tecnológicos, procuraba reducir los costos humanos, y algunos pretendían hacernos creer que bastaba la libertad de mercado para que todo estuviera asegurado. “Pero el golpe duro e inesperado de esta pandemia fuera de control obligó por la fuerza a volver a pensar en los seres humanos, en todos, más que en el beneficio de algunos”(33). “El dolor, la incertidumbre, el temor y la conciencia de los propios límites que despertó la pandemia, hacen resonar el llamado a repensar nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia”(33).
Es el tiempo de la esperanza con la sabiduría de la gracia que Dios nos ha puesto en este momento, de volver al camino perdido y dejarnos guiar por la voz de Dios.

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