El nuevo cartel de Cali

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El nuevo cartel de Cali

Febrero 28, 2021 - 06:30 a. m. Por: Jorge E. Rojas

“El modelo de empresa de los Di Lauro siempre me ha recordado el concepto matemático fractal tal como lo explican en los manuales, o sea, un racimo de plátanos, cuyos plátanos son racimos de plátanos y así hasta el infinito. El Clan Di Lauro factura solo con el narcotráfico quinientos mil euros al día. Los camellos, los gestores de los almacenes y los enlaces no suelen formar parte de la organización, sino que son simples asalariados. El negocio de la venta de droga es enorme, miles de personas trabajan en él pero no saben quién las dirige. Intuyen más o menos para qué familia camorrista trabajan, pero nada más…”. (Gomorra / Roberto Saviano / Pagina 75).

En el 2006 el periodista Roberto Saviano publicó una novela que basada en hechos reales desnudó La Camorra napolitana explicándola como la gran estructura que es. Un sistema evolucionado con negocios tan variados como el transporte de inmigrantes o la recolección de basuras.
Ramificaciones que extienden para ganar más dinero, y luego para lavar más dinero. Si todo funciona eso les significa la expansión de sus brazos. También les sirve para pagar favores, ubicando testaferros y esbirros. Piezas descartables. Fichas del Lego que en caso de un imprevisto, después volverán a comprar en el almacén de los favores. Gomorra es también un viaje a esa lógica. Que en esencia siempre es igual. Elemental pero desproporcionada, ramplona e hiperbólica, desde Nápoles hasta Cali, la mafia siempre termina pareciéndose.

La fiesta en la terraza del Mulato, con todo el styling Narcos de Netflix, y las declaraciones en tono sicarial del bailarín consentido de Alí-ba Iván, refiriéndose al alcance de su contratación con la Alcaldía, son apenas una viñeta de lo que en verdad es el nuevo cartel que somete a la ciudad. La diferencia está en que los patrones ya no tienen que esconderse como les tocó a sus antecesores. Estos salen en la tele, y para las cámaras, la prensa y los teléfonos de los influencers que contratan, exhiben un escudito con la bandera de Cali junto al corazón. Posan de puros. También tienen instalado el discurso de la lucha de clases, que los victimiza y al mismo tiempo los realza, porque vienen de abajo pero fueron a la universidad. Curiosamente, y al igual que Los Rodríguez, estos también son hermanos.

Y hasta tienen cosas parecidas, me da la sensación. Se creen eternos. Creen que el trono prestado de repente los escrituró dueños de todo. Y como Los Rodríguez en efervescencia, estos ahora hacen y deshacen. Se supone que la sigla traduce Corporación de Eventos, Ferias y Espectáculos de Cali. Pero conjugada en el contexto Ospina, la abreviatura Corfecali lo que en verdad traduce es una Corporación para el Fraude y la Estafa en Cali: el informe de auditoría que les hizo la firma ‘Millán y Asociados, Auditores y Consultores de Negocios S.A.’, y que este viernes publicó de manera exclusiva El País (recuerdo la ruta para guglearlo en las historias de @rojas_velasco), confirma la malversación de fondos que desde la Alcaldía configuraron y ejecutaron con la elemental pero desproporcionada, ramplona e hiperbólica, Feria Virtual.
Simplificando el resumen, para poner a rodar semejante esperpento aprobaron un presupuesto de doce mil trescientos millones de pesos, pero se gastaron 249 millones más. La auditoría también muestra que lo que el ahora exasalariado, Alexander Zuluaga, dijo sobre el pago a Los Van Van, Bobby Valentín, Alexánder Abreu, y Eddie Palmieri, fue mentira. En diciembre el exgerente de Corfecali afirmó que les pagarían cerca de quinientos millones de pesos. Pero por los videos que hicieron les consignaron 688. Que en mi matemática traduce una fuguita de casi 200 millones.

En teoría, este lunes Corfecali dará una explicación pública del desfalco. Entre los temas pendientes están los 984 millones que destinaron al mapping (Proyección 3D) en el Salsódromo. A través de un testaferro, me cuentan que parte de una de las empresas que ejecutó esa plata, hoy estaría en manos de Esteban Moreno. A los curiosos les recuerdo que son solo cuatro empresas, así que no hay que ponerle mucho cacumen a la tarea. Y para quienes se pierdan con el nombre de Esteban, lo sacan fácil escribiéndolo en el buscador junto a la palabra corrupción. Las lenguas viperinas lo señalan de ser el puente entre Santos y Odebrecht, y muy cercano a César Gaviria, lo cual lo explicaría naturalmente cercano al CAM. Yo en todo caso no creo. Me niego. Bochinches. Puro bochinche de cartel.

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