Globalización según Saramago

Noviembre 23, 2022 - 11:55 p. m. 2022-11-23 Por: Helena Palacios

Rara vez un escritor atrae tantos lectores como sucede con el portugués, Premio Nobel de Literatura, José Saramago que por estos días cumpliría 100 años de vida. Era el año 2001, cuando vino a Colombia a presentar su novela La Caverna en una conversación pública con Germán Castro Caycedo. Sus fanáticos colmaron el teatro Jorge Eliecer Gaitán y los muchos más que no lograron ingresar se agolparon a las puertas y nos hicieron temer que las vencieran con la fuerza de su frustración.

Desde ese tiempo hasta hoy, la sensibilidad por los cambios que trajo el Siglo XX conecta con las advertencias de Saramago sobre los peligros de la globalización, la masificación y el neoliberalismo. La novela no es una recreación del mito platónico de la caverna donde no se sabe si lo que se ve es la realidad, o es la proyección de la realidad. Precisa que el relato trata del presente y mientras escribía sobre éste, según refirió, se le antojó que a la civilización también se le ata para que vea en una sola dirección y solamente lo programado tal como a los hombres del mito. (Entrevista El Tiempo, 21, 25/02/2001).

La caverna es el Centro Comercial ante el cual transcurre el cambio de vida y la perplejidad de un humilde alfarero cuando se da cuenta que de pronto no hay lugar para él ante esa gran superficie compartimentada, ya no le volverán a comprar sus cántaros, ni sus figuras de barro. El Centro Comercial establece un nuevo modo de estar en la ciudad, simboliza y materializa el imperio del mercado, el poder de las grandes multinacionales y el consumo, pero también la seguridad que ya no brindan las calles. Allí está todo, es microcosmos de la vida moderna. La trama, los personajes y las peripecias en torno a ese desencuentro, hacen la obra tan atrayente como reveladora de las inquietudes del autor.

Para Saramago la globalización es un problema puramente económico, “lo que está ahí es la evidencia de que hay un mundo dominante y totalitario (...) No se trata de ver si ese mundo viejo que se está acabando era bueno. Era bueno y malo, como todo”. No concebía una globalización cultural pues implicaría subordinar la cultura a una sola tendencia, favorecida por la rapidez de las comunicaciones. En cuanto a los intereses privados, afirmó en la entrevista, que las ONG que parecen sustitutas de lo deficitario del Estado, algunas pueden no tener tan puras intenciones, se convierten en grupos en los que es más importante su propia justificación que la acción en la sociedad.

De ideología marxista, que entendía como la búsqueda de circunstancias humanitarias, Saramago antepuso su independencia y principios. Por su compromiso social y político fue una voz aún vigente que llama a la reflexión y a políticas de desarrollo global, sin explotación, para que los países progresen y nadie tenga que emigrar. Criticó de la izquierda latinoamericana su tentación autoritaria, y se apartó del régimen de Cuba por afectar derechos políticos y humanos.

Se comparta o no el pensamiento de este gran escritor, es claro que no pretendía la destrucción de la democracia, sino su eficacia. En línea con ello, se considera que, así como no son de recibo los poderes que limitan su ejercicio, tampoco lo son los sistemas autoritarios, ni la globalización política con libretos idénticos pues relegan lo local, al desconocer las singularidades sociales y económicas de un país.

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