Administrar Cali

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Administrar Cali

Noviembre 20, 2019 - 11:55 p. m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Administrar bien una ciudad en Colombia es difícil: el marco normativo hace imposible la estabilidad. En primer lugar las intervenciones abiertas para propósitos electorales de funcionarios en ejercicio están prohibidas, en hipócrita despliegue de asepsia. Además las normas establecen planes de desarrollo cuyo horizonte se limita al cuatrienio del alcalde de turno, y que solo se actualizan con el cambio de gobierno municipal.

También es restrictivo el centralismo, mayor hoy que en 1991, cuando se creyó que la nueva constitución iba a impulsar la descentralización: elemento decisivo del éxito de un alcalde es conseguir recursos del gobierno nacional, cuyo período tampoco coincide con el de los gobiernos de departamentos y municipios. Finalmente, como el sistema político no impulsa la existencia de partidos políticos con responsabilidad hacia sus representados, las propuestas y compromisos suelen atender objetivos personales.

Cali enfrentará problemas propios en el próximo cuatrienio: debe ajustar sus procesos de gestión, de discutible eficacia, a lo establecido por la Ley que transformó el municipio en Distrito, reducir su tasa de homicidios, todavía el doble del promedio nacional, enfrentar problemas de movilidad derivados en parte de desaciertos de la actual administración, y mejorar la calidad de su educación pública, pues la ciudad está debajo del promedio nacional en las pruebas Saber, siendo Colombia el país más deficiente entre los de la Ocde en las pruebas Pisa. Además es preciso profundizar la relación con los municipios de Yumbo y Jamudí, con los cuales Cali está integrado en la práctica pero sin reconocerse formalmente la calidad de área metropolitana, y con Buenaventura, único puerto importante en el Pacífico colombiano.

El alcalde Jorge Iván Ospina debe abordar diversos asuntos. En primer lugar está la gestión de Metrocali, cuya sostenibilidad quedó en entredicho a raíz de laudo arbitral desfavorable en proceso contra GIT; preocupa la incapacidad de la entidad para programar en función de las necesidades de los usuarios y verificar cumplimiento, y la dilación para incorporar al sistema la línea férrea del eje vial de las calles 25 y 26 y organizar el sistema con el tren ligero como su elemento central. También es motivo de incertidumbre el futuro de Emcali, cuyas pérdidas físicas en los servicios de acueducto y electricidad son elevadísimas, con consecuencias financieras serias, en adición a la insostenibilidad económica del negocio de telecomunicaciones. Estas dos empresas merecen seria reflexión y acción, con juntas verdaderas, que nombren al respectivo gerente y evalúen su desempeño.

También es necesaria mayor articulación entre lo público y lo privado en la ciudad, para que se aprovechen las ventajas comparativas de los clústers identificados por la Cámara de Comercio, y así la economía crezca, e impulsar una planificación urbana diferente, que induzca la densificación del centro ampliado, robustezca la educación y la recreación, y fortalezca el sentido de comunidad. Cali es la ciudad más importante del suroccidente, región azotada por el narcotráfico, y debe despertar de su letargo, con una administración efectiva.

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