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Gobernar con institucionalidad y desarrollo social

Aunque su nombre suele asociarse de manera automática al sector seguridad, reducir su perfil a ese campo sería incompleto. Antes de llegar al núcleo del poder político, Juan Carlos Pinzón desarrolló una carrera sólida en el mundo económico y financiero.

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Canciller Claudia Blum
Claudia Blum, columnista. | Foto: Cancilleria

25 de ene de 2026, 01:30 a. m.

Actualizado el 25 de ene de 2026, 01:30 a. m.

En el abanico de aspirantes presidenciales que comienzan a perfilarse rumbo a 2026, Juan Carlos Pinzón ocupa un lugar singular. No es un outsider ni un dirigente de retórica incendiaria, sino una figura que representa la experiencia directa del Estado, con las virtudes y los costos que implica haber estado en el centro de decisiones complejas.

Economista de formación, Pinzón ha construido su carrera en el cruce entre política pública, economía, seguridad y relaciones internacionales. Su trayectoria ha sido ascendente: viceministro de Defensa, secretario general de la Presidencia, ministro de Defensa y embajador de Colombia en Estados Unidos. Más que una acumulación de cargos, ha sido una exposición a la toma de decisiones estratégicas, a la coordinación interinstitucional y al manejo de crisis desde distintos frentes del Estado.

Aunque su nombre suele asociarse de manera automática al sector seguridad, reducir su perfil a ese campo sería incompleto. Antes de llegar al núcleo del poder político, Pinzón desarrolló una carrera sólida en el mundo económico y financiero. Trabajó en banca de inversión internacional, fue economista en el sector privado, ocupó cargos en la Asociación Bancaria y tuvo responsabilidades en el Banco Mundial. Esa experiencia le permitió entender cómo funcionan los mercados, cómo se construye confianza para la inversión y cómo las decisiones del Estado impactan el crecimiento y el empleo. Ha insistido en que no existe política social sostenible sin una economía que funcione ni crecimiento duradero sin instituciones fuertes. Desde su perspectiva, la crisis fiscal, la caída de la inversión y el deterioro del empleo formal están ligados a la pérdida de institucionalidad, a la inseguridad jurídica y a la falta de reglas claras.

Su paso por el Ministerio de Defensa se dio en uno de los momentos más complejos del país: un conflicto armado aún activo y un proceso de paz en marcha. Le correspondió liderar las Fuerzas Armadas mientras Colombia negociaba con las Farc, manteniendo capacidades operativas y control territorial en un entorno político polarizado. Su rol fue técnico e institucional: garantizar la continuidad del Estado y preservar la cohesión de las Fuerzas Armadas en medio de un proceso de transformación. Frente al proceso de paz, su postura actual es más crítica respecto a los errores que facilitaron el rearme de estructuras criminales y el deterioro de la seguridad en varias regiones.

Su paso por la diplomacia evidenció su perfil integral. Como embajador en Washington amplió su campo de acción más allá de la cooperación en seguridad. Desde esa posición fortaleció la relación bilateral, promovió la agenda económica y comercial, impulsó la inversión extranjera y ayudó a abrir mercados para productos colombianos. Su gestión se caracterizó por un enfoque estratégico que entendía la política exterior como herramienta de desarrollo. Experiencia que le da una perspectiva internacional, ya que conoce el funcionamiento de los organismos multilaterales, la lógica de los centros de poder global y los desafíos que enfrenta Colombia en un mundo marcado por la competencia económica, el crimen transnacional y la incertidumbre geopolítica. También reforzó su convicción de que problemas como el narcotráfico o el crimen organizado no pueden enfrentarse solo con respuestas locales, sino con cooperación internacional y políticas de Estado coherentes.

En el contexto actual, Pinzón busca proyectarse como un candidato de centroderecha que habla de orden, inversión, empleo y reconstrucción del Estado. Su discurso no promete soluciones inmediatas, sino un proceso de recuperación basado en reglas claras, fortalecimiento institucional, responsabilidad fiscal y una economía que vuelva a generar oportunidades.

Pinzón ha sido objeto de críticas por su estilo técnico y por algunas decisiones tomadas en el ejercicio del poder, un balance inevitable para quien ha gobernado desde el centro del Estado. Sin embargo, incluso entre sus críticos existe un reconocimiento tácito: conoce el funcionamiento real del Estado, los límites de la política pública y los costos de gobernar.

En un país que oscila entre la mano dura, el diálogo, el cambio social y la estabilidad institucional, Pinzón encarna una pregunta de fondo: ¿tiene hoy el electorado interés en un liderazgo técnico, con experiencia de gobierno y consciente de las complejidades del poder? La respuesta aún no está escrita. Pero en el ejercicio de analizar a quienes aspiran a gobernar, debemos escuchar las propuestas de Pinzón, que merecen un lugar destacado en la conversación, no solo por lo que propone, sino por lo que ya vivió —y aprendió— desde el corazón del Estado.

Psicóloga de la Universidad del Valle con Maestría en Ciencia Política de la Universidad Javeriana, Estudios en Negociación de Conflictos, Mediación y Asuntos Internacionales. Columnista, concejal de Cali durante 2 períodos y senadora de la República durante 16 años. Presidenta del Congreso de la República, Ex embajadora de Colombia ante las Naciones Unidas, Ex ministra de Relaciones Exteriores.

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