¿Peleará el 24 o el 31?

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¿Peleará el 24 o el 31?

Diciembre 16, 2019 - 11:35 p. m. Por: Gloria H.

“Navidad dulce Navidad, vuelve a casa, vuelve al hogar, que llegó la navidad. Navidad dulce Navidad… en calor de hogar”, dice la bella canción. Y aún cuando la letra de la tonada invita “a casa”, es paradójico lo que realmente sucede en estos días en la intimidad de algunos hogares.

De acuerdo a la educación patriarcal expresar sentimientos es sinónimo de debilidad por lo tanto fechas como estas pueden ser ‘angustiantes’ porque ‘debilitan’ las corazas y enfrentan con emociones que asustan: la ternura, el abrazo, la sonrisa de un niño o de una niña, la felicidad, la risa, el villancico, la intimidad, los regalos. Es hora de compartir y la mentalidad patriarcal no lo soporta. Sólo conoce de razones, justificaciones, órdenes o autoritarismo, que muchas veces se enmascaran en el trago desenfrenado, la pelea, el malgenio, la incapacidad para disfrutar. Y las festividades terminan siendo fechas de peligro porque enfrentan con sentimientos y emociones.

Imagínese no más si usted se pasa todo el tiempo rechazando una sensación y de pronto hay una fecha, un momento, en que le toca sentir todas esas sensaciones, qué ‘atorada’ tan grande la que le toca vivir. La mejor manera, entonces, de enfrentarlo es con una pelea. Algo parecido a decir con la actitud ‘no se me acerquen’, ‘no soporto sentir’, ‘no resisto estas emociones’.

Así son los recuerdos de muchos adultos en diciembre. “En mi casa siempre había una pelea: o por el dinero, o por el trago, o por la familia donde pasaríamos el 24”. Imágenes dolorosas porque se daban golpes, o por la cuñada ‘espantosa’ o por la tía regañona o por ‘tu mamá que no la soporto’.

Diciembre no es un mes fácil así la propaganda y la publicidad quieran vender otra idea. Muchos adultos que de niños o niñas vivieron situaciones de angustia, quedan atrapados en la emoción y recuerdos negativos y repiten la misma situación para sus hijos e hijas. En diciembre construimos vida pero también fabricamos recuerdos que son los que perduran y nos hacen confiar y crecer con optimismo y solidaridad.

Pero como cada día hay más estrés, más carreras, más exigencias por la apariencia, para muchos diciembre debería desaparecer del calendario. No hay un antídoto para evitarlo ni existe conciencia colectiva para hacerlo diferente. Sólo queda sustraerse un poco, blindarse de manera personal e intentar vivirlo de manera más sana.

La forma más sencilla (y elemental) de hacerlo es aceptar que es temporal y cuando menos se piense, ya pasó. Sólo por hoy y termina. Lo segundo, intentar que el ajetreo no lo desespere: todo es relativo. Si no se pudo comprar, no se pudo. Si no se llegó, no importa. Nadie es más importante que usted, ni sus hijos, ni su compañero o compañera, ni sus padres. Nada es tan importante como que usted y su inquilino interior estén en paz. Porque si usted está tranquilo puede darles a los demás algo de su mundo personal.

Una persona ofuscada, mal geniada o intolerante contamina el ambiente con una energía desastrosa. Es como si oliera mal: de ese tamaño es la influencia. La irradia a su alrededor y todos quedan marcados. Pero la tranquilidad también se contagia. Lo mejor es proponerse dar de lo que tiene internamente. Ojalá sea positivo. ¿Cuál es su emoción: miedo, rabia, alegría, ofusque, intolerancia, ternura? ¡Usted decide!

Sigue en Twitter @revolturas

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