El valor de la irreverencia

Escuchar este artículo

El valor de la irreverencia

Agosto 26, 2019 - 11:35 p.m. Por: Gloria H.

La cultura occidental no tiene grises. O se es bueno o se es malo, o se es agresivo o se es pasivo, o es de los míos o está contra mí. ‘Acomodarse’ a lo establecido es (¿era?) parte de los valores tradicionales. No desentonar, ser como todos, no llamar la atención, algo así como el tributo al camuflaje. Pero en términos de lógica racional, producir un cambio es cuestionar lo establecido. Si todos los hijos hubieran hecho lo que los padres decían, hoy todavía estaríamos haciendo bohíos…

De allí que existan conceptos que deben revaluarse. Conceptos y ¡actitudes! La traición, la irreverencia, el irrespeto están catalogados, per se, en el portal de lo prohibido, de lo nefasto. Va siendo hora de revaluarlos, o al menos de tener una mirada más equilibrada sobre ellos. Es importante encontrarles su valor para no estigmatizarlos. La irreverencia, por ejemplo, es un motor de cambio. Es el impulso de la pluralidad, es la conciencia de la evolución. Insultar a alguien con la palabra irreverente puede ser un cumplido, una manifestación de admiración. Es la diferencia entre lo viejo, lo anquilosado y lo que se atreve a modificarse. Es obvio que lo que no cambia, se muere… Cuántos grandes irreverentes han movido la historia. Aquellos y aquellas que pusieron el pecho para defender sus ideas han sido los que logran que la humanidad tome conciencia y se abra a la pluralidad.

Por eso también el concepto de traición tiene que ser revaluado, de acuerdo a los momentos o circunstancias puede ser maléfica o benéfica, por lo general siempre se le da un significado catastrófico. Pero toda traición no es negativa. Existen traidores salvadores y la historia también está plagada de ellos. Empezando por el Caballo de Troya: fue una traición perfectamente sincronizada. En el mundo actual qué se espera con Venezuela sino el surgimiento de un traidor. Uno o varios traidores al régimen de Maduro, que se atrevan a ‘salvar’ la patria. ¿Entonces podemos seguir catalogando a la traición, la irreverencia, el irrespeto como nefastos? ¿La traición ‘siempre’ hace daño? ¿Se podría hablar de traición en términos saludables y heroicos?

Con el irrespeto sucede igual, es necesario revaluarlo. ¿Fue irrespetuoso el alcalde Armitage al cuestionar al Ministro de Defensa? ¿No debió hacerlo y menos frente al Presidente (que ‘solucionó’ el problema con un abrazo, como si esos abrazos ‘sin diálogo’ fueran efectivos)? ¿Debió callarse y ser ‘respetuoso’ con el atropello y discriminación con Cali? Los gestos de Susana Correa y la cara del Ministro mostraban la inconformidad ante sus palabras. Pero si no era allí, ¿para cuándo y dónde el reclamo? Cada vez hay más ‘irrespetuosos’ con la autoridad pero es necesario salir del protocolo de la lambonería o de la foto para el recuerdo. El Gobernador de Nariño es un irrespetuoso de marca mayor. Afortunadamente. Defiende su comunidad y lo hace con irreverencia, de frente y claro.

El significado de estos ‘valores’ merece reingienería. Qué pena, pero el abrazo de Armitage y el Ministro fue para satisfacer al Presidente en su afán conciliador, pero no solucionó nada. Es hora de revaluar ideas, de aceptar que la pluralidad no permite modelos únicos, conceptos universales o teorías inmodificables. No más libretos preconcebidos. El mundo es movimiento.

Sigue en Twitter @revolturas

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS