Duque y su laberinto

Duque y su laberinto

Julio 01, 2019 - 11:35 p.m. Por: Gloria H.

No la debe estar pasando bien el presidente Duque. A pesar de su insistencia en que creamos que lo mejor que le puede pasar al país es ‘la economía naranja’ (objetivo central de su gobierno), hasta el punto que mientras asesinaban a María del Pilar Hurtado, Duque hablaba en Cannes sobre “creatividad y economía naranja”, su desconexión con el país es total. Por algo a su gobierno se lo califica como autista, o inexistente y lo más repetido, gobierno del ‘subpresidente’. Con niveles de aceptación bajísimos, no arranca por ningún lado. Ni siquiera sus anuncios ‘positivos’ le pertenecen. La noticia ‘bomba’ (y anestesióloga) de la semana anterior (sede para Colombia en la Copa América) la consiguió la Federación de Fútbol y aunque Duque se ‘apropió’ del resultado, Ramón Jesurún aclaró que fue una conquista de la Federación que dejó que el Presidente anunciara. Pero mérito de Duque, ninguno…

Entonces Duque va a tener que decidir qué hacer. He allí su dilema. Está en una encrucijada. Porque si desde su ineptitud e inexperiencia sigue oyendo a Uribe y al Centro Democrático con su obsesión por destruir todo lo anterior, seguirá comportándose como un títere al que no se le cree ‘tanta rabia’ o tanta indignación. Él copia el libreto y ni siquiera es creíble su actuación de ‘furioso’. Iván Duque es un hombre bueno, nada agresivo, complaciente y conciliador. En sus primeras palabras al posesionarse prometió que ayudaría a unir a los colombianos. Solo que su grupo ni lo cree ni lo quiere. El CD quiere destruir, acabar, dinamitar. No dejar ni una sola huella positiva de Santos. A Duque, pareciera, no le suena muy bien ese discurso. Pero tiene que copiarlo. Es lo que ha hecho hasta ahora. Por eso no puede ser él, porque el libreto que le escribe su grupo es de rabia e indignación. Pelee, mire para atrás, critique, destruya. Y como esa no es su esencia, no lo puede hacer con toda la vehemencia requerida y su actitud suena a teatro.

La otra alternativa, entonces, es ‘zafarse’, ‘traicionarlos’, caminar bajo su estilo y su sello. Pero claro, como no lo sabe hacer, como no tiene experiencia ni madurez para asumirlo, sería un suicidio político tenaz, donde arriesgaría demasiado. A veces imagino cómo podría ser una desvelada de un político como Duque, en su cama, al lado de su mujer, tres de la mañana, diciéndose, “¿cómo me metí en esto?”, “¿por qué cambiamos la vida en EE.UU. por este infierno?”, “cómo les dañamos la tranquilidad a los niños por este maremágnum”. En su fuero interior, cuántos minutos de arrepentimiento acumula.

Leí en estos días un bellísimo mensaje de un hombre y su hijo arrastrando una carreta. El padre le explica que si la carreta hace mucho ruido es porque está vacía. Si tiene peso no sonaría tanto… Pues bien, algo parecido sucede con Duque. Ruido, bulla, palabrerío y nada de profundidad. ¿Ud, por ejemplo, ubica una de las 63 soluciones para el Llano? ¿O recuerda una de los 23 determinaciones para no se qué otra campaña social? Enumera sus políticas, las contabiliza, se gasta en la nimiedad, en el detalle porque no tienen estructura básica. Solo, mucho ruido… No, es difícil que el panorama cambie porque Duque está en un laberinto sin salida. No se zafará de su grupo y no terminará de aprender. En la mitad, Colombia, es decir usted, yo…

Sigue en Twitter @revolturas

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