La tragedia de Pance

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La tragedia de Pance

Febrero 06, 2020 - 04:09 p. m. Por: Gerardo Quintero

De seguro no existe caleño que no haya ido a Pance. Tal vez saber la dura verdad de que si bien somos la ciudad de los siete ríos, pero seis de ellos están contaminados, hizo que Pance se convirtiera en nuestro destino amado. No es un afluente de grandes dimensiones, si lo comparamos con los bañaderos naturales de Antioquia, Tolima y Caquetá, solo por citar tres departamentos en los cuales he conocido ríos descomunales, que corren briosos, incontenibles para el disfrute de sus habitantes. Pance está anclado a nuestros recuerdos más preciados y a nuestras canciones: ‘San Nicolás y Barrio Obrero, váyase a Pance un lunes primero’, ‘Soneaba’ Moncho Santana en el inolvidable ‘No hay quinto malo’, que produjo Jairo Varela. En lo personal, le he presentado el río a mis hijos, a mis amigos y les he enseñado a amar ese pedacito de tierra fresca y agua fría que es como un tesoro que nunca supimos apreciar, porque lo creíamos eterno.

Pero como en Cali hay una propensión a destruir todo lo bueno, bonito o útil que existe, pues había que acabar con Pance. Con la complicidad, amistad, cercanía (llámelo como quiera) de decenas de personas que trabajan en lo ambiental, infraestructura, planeación, concejo u otras dependencias, primero comenzaron con la aprobación para sacar piedra del río, socavando su lecho, destruyendo su corriente y volviendo manso el río bravo. Pero no contentos con eso, comenzaron a aprobarse decenas de licencias a constructoras que convirtieron el descansadero natural de los caleños en una gran hacienda parcelada. La pequeñez de los administradores de esta bendita ciudad les impidió entender que la protección del agua era más importante que el desarrollo de vivienda. Este río no llegará a 20 años más porque lo secaron, lo contaminaron, hicieron carreteras en sus orillas, talaron los árboles, lo jodieron, como acaban jodiendo todo en este ´pandemónium’ que se llama Cali. Aquí nadie protege, todo es acabar, sacar tajada, ver el negocio, cómo voy yo, de manera legal o ilegal. Hoy Pance es una hilacha de agua triste, repleto de piedras, con agua a la pantorrilla, contaminado en varios sectores por negocios, fincas que desvían sus aguas, miles de bañistas que entran y no protegen y por unidades que descargan subrepticiamente aguas negras en el río.

La tarea emprendida por la administración para darle un norte a este caos es saludable. Hoy ni siquiera se sabe qué número de unidades residenciales tienen licencia, cuántas han sido aprobadas. ¿Quién regula eso? ¿Cómo se aprobó ese desorden y esa contaminación ecológica en el pulmón de la ciudad? ¿Dónde están los responsables? Aquí hay funcionarios, directores de planeación, exalcaldes, incluso concejales, secretarios que deberían dar más explicaciones sobre esta tragedia ambiental que se está viviendo. Lástima que nuestros nietos ya no disfrutarán de este hermoso paraíso. Cada vez tendremos que ir más y más arriba, hasta que no encontremos nada. El agua, siempre el agua. Tan difícil de entender que sin ella no hay vida. ¡Gracias por la gran visión de ciudad!

Sigue en Twitter @Gerardoquinte

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