Corrupción y muerte

Corrupción y muerte

Noviembre 14, 2018 - 11:45 p.m. Por: Gerardo Quintero

“Ji, ji, ji, sí, hijueputa, esto es una coima, marica. ¿Cuánto vale esto?”

Esta ‘simpática’ frase, que debería quedar en el palacio de la infamia del país, fue pronunciada ni más ni menos por quien un tiempo después se convertiría en el fiscal general y que en sus manos tiene la investigación de lo que justamente se estaba riendo, el escándalo de corrupción más grande del continente, el caso Odebrecht.

Todo lo que toca este pulpo brasileño es como una bacteria que va destruyendo y carcomiendo un cuerpo vivo. Era extraño que en Colombia no hubiese sucedido nada. En Perú, Brasil y Ecuador, por citar algunos países, hay expresidentes en la cárcel y un remezón en la sociedad que todavía no ha terminado. Hoy alrededor del caso Odebrecht ya no solo se puede hablar de corrupción, también la muerte comienza a hacerse presente.

Primero fue el fallecimiento de Jorge Enrique Pizano, quien era el ‘controller’ de la firma Corficolombiana, que se alió con el pulpo brasileño para conformar el consorcio Ruta del Sol, y que dejó a Noticias Uno algunos audios de sus conversaciones con Néstor Humberto Martínez, entonces abogado del Grupo Aval. Pero cuando el país no terminaba de digerir todo este entramado en el que Pizano dejó en claro que había advertido a Martínez de las sospechas de las coimas de Odebrecht, se conoció la súbita muerte de Alejandro, hijo del señor Pizano y la confirmación de que fue envenenado. Cabe preguntarse si es que hay una epidemia de muertes repentinas en Colombia y no nos habíamos dado cuenta.

Lo que se está tejiendo detrás del escándalo de Odebrechet es de unos alcances que no alcanzamos a percibir. Aquí lo que está en juego son poderes de un tamaño descomunal. Con un alcance de perversión y daño como quizás no se había conocido en Colombia. Con la posibilidad de manejar, controlar, exprimir, matar a quien se ponga en frente.

En cualquier otro país seguramente este episodio generaría un revolcón en la Justicia. Todos los estamentos unidos pidiendo claridad, pero estamos en Colombia. ¿Saben qué va a pasar con el asesinato de los Pizano (porque a estas alturas ya deja duda el supuesto infarto del ‘controller’? NADA. Porque en este país no pasa nada. Todo está construido para que el entramado prosiga, para que la maldad florezca y la corrupción peleche. En una semana se olvidarán estas muertes (que no tienen nada de distinto a las ejecutadas por los rusos en Inglaterra) y habrá otro IVA, proceso de paz o cualquier otro distractor que no falta en Colombia.

En Perú las investigaciones fueron ágiles y llevaron a la cárcel a expresidentes, ministros y grandes empresarios. En Brasil acabó con el Partido de los Trabajadores y las esperanzas de Lula de retomar el poder por sus alianzas corruptas con esta empresa. En Colombia todavía están en pesquisas y los responsables son funcionarios de bajo perfil.

Tímidamente algunos congresistas han pedido la renuncia de Martínez Neira, quien ha sido un protegido del establecimiento y desde el principio se sabía que la cantidad de negocios particulares en los que está inmerso iba a impedir una gestión libre de sospecha. Igual no se va a ir del organismo judicial y ahora menos. Cuando concluya sus funciones, el mandatario de turno lo enviará a una embajada en Francia, luego probablemente será candidato a la presidencia y así, porque así es Colombia.

Sigue en Twitter @Gerardoquinte

VER COMENTARIOS
Columnistas