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Cali vuelve a la historia

Colombia se construye desde las regiones que producen alimentos, generan empleo, mueven los puertos, forman a los jóvenes y conectan al país con el mundo.

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Gabriel Velasco Ocampo
Gabriel Velasco Ocampo | Foto: El País

6 de ago de 2026, 02:16 a. m.

Actualizado el 6 de ago de 2026, 02:16 a. m.

Durante más de dos siglos, las posesiones presidenciales tuvieron un solo escenario: Bogotá. Este 7 de agosto, esa tradición se rompe. Por primera vez en la historia republicana moderna, la ceremonia se hará fuera de la capital. Y la ciudad elegida es Cali.

Se puede opinar lo que se quiera sobre la decisión. Pero hay algo que no admite discusión: el hecho es histórico. Y los hechos históricos no se agradecen. Se aprovechan.

Cali ya estuvo en el centro de la historia una vez. El 3 de julio de 1810, Joaquín de Cayedo y Cuero, alférez real de la ciudad, encabezó la Junta de Gobierno de Cali: uno de los primeros movimientos que desafiaron el orden colonial y abrieron el camino de la Independencia en el suroccidente. Lo pagó con su vida, fusilado por las tropas realistas en Pasto. Fue uno de los primeros mártires de la libertad de este país.

Doscientos dieciséis años después, Cali vuelve a ser escenario de un momento fundacional. Dos siglos esperando volver a serlo.

Ese es el punto que no podemos dejar pasar. Porque durante décadas, las decisiones del país —las políticas, las administrativas, las simbólicas— se concentraron en Bogotá. Es natural: allá funcionan las instituciones. Pero Colombia no se construye solo desde un altiplano. Se construye desde las regiones que producen alimentos, generan empleo, mueven los puertos, forman a los jóvenes y conectan al país con el mundo.

Las regiones no piden permiso para existir. Piden reconocimiento por lo que ya hacen.

Por eso este 7 de agosto es más que una ceremonia. Durante un día, Cali será la sede del acto institucional más importante de la Nación. Sí: eso exige organización, seguridad, coordinación. Pero también nos da algo que ningún plan de mercadeo puede comprar: la oportunidad de mostrarle al país y al mundo una ciudad que muchos solo conocen por sus dificultades. Una ciudad con músculo empresarial, con universidades, con infraestructura, con un sistema de salud que atiende a medio suroccidente, con capacidad probada para los grandes eventos.

Porque las ciudades también construyen prestigio. Cada congreso, cada competencia, cada acto institucional suma a una reputación. Y esa reputación decide dónde se invierte, dónde se visita, dónde se apuesta. Las oportunidades nacen de la imagen que un territorio es capaz de proyectar de sí mismo.

Esa es la verdadera lección de este momento. La descentralización no es trasladar oficinas. Es entender que las regiones pueden —y deben— asumir un papel protagónico en los grandes momentos nacionales. No se trata de quitarle nada a Bogotá. Se trata de recordar que Colombia tiene muchas ciudades capaces de representar al país con altura.

Los actos duran unas horas. Los símbolos duran décadas.

Cali abrió las puertas de la Independencia en 1810. Este 7 de agosto tiene la oportunidad de demostrar, otra vez, que está a la altura de los momentos que marcan la historia.

Por eso, más allá de cualquier consideración, vale la pena decirlo con claridad: gracias al presidente Abelardo de la Espriella y a su equipo por darle esta oportunidad a nuestra ciudad. Confiar en Cali para un momento así es un gesto que los caleños sabremos honrar.

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