Vigilantes

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Agosto 09, 2019 - 11:50 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

La separación de poderes no es suficiente. Los teóricos, cada vez con mayor refinamiento, destacan la importancia de que la Democracia cuente con mecanismos ciudadanos de control, vigilancia y censura. Ello es lo que ha venido ocurriendo como uno de los desarrollos políticos más importantes del sistema democrático, en nuestro tiempo. Si a algo se atribuye la crisis de la democracia, es precisamente al fortalecimiento de estos mecanismos y a la incapacidad de las instituciones gubernamentales de lidiar con ellos.

Es el caso notorio de las redes sociales. Una vez que cada ciudadano se convirtió en un medio masivo de comunicación, algunos con mayor importancia e impacto que los periódicos o noticieros de radio o televisión más reconocidos, ese ciudadano hoy transmite sus opiniones, sin filtro alguno, a cientos, miles o millones de personas. A tal punto, que los propios medios convencionales de comunicación de masas han tenido que entrar a competir en ese terreno y no siempre con el éxito esperado.

Las campañas electorales pueden no contar con el apoyo -antes indispensable- de los medios convencionales. Eso lo aprendió muy temprano el Presidente Álvaro Uribe. Eso fue lo que le dio el triunfo al Presidente Obama. El principal libro sobre su campaña presidencial lleva un título sorprendente: El laboratorio de la victoria. Allí se cuentan cosas difíciles de creer, sobre la eficacia de los nuevos métodos de análisis de datos y de mensajería individualizada para los electores. Lo que se dice del triunfo electoral del Presidente Trump no es tan novedoso, entonces… Y ahí es donde entran a funcionar procedimientos que se consideran antidemocráticos o que desvirtúan la esencia de un debate serio y limpio.

Ahí están, también, las críticas que se han formulado a las propuestas de referendo porque, es evidente, que los ciudadanos no están en capacidad, en estas circunstancias, de evaluar apropiadamente las diferentes tesis sobre problemas tan complicados, como la permanencia o salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit) o las 300 o más páginas del complejo Acuerdo Final con las Farc (Plebiscito del 2 de Octubre/2016).

Vivimos un mundo muy diferente del que conocimos hace quince o más años. Y analizar las estrategias de campañas electorales se ha tornado muy difícil, entre otras razones, porque los más importantes protagonistas borran los principales mensajes con los cuales bombardean a los electores. Y luego están todos los mecanismos que suplantan identidades y que envían mensajes odiosos, inaceptables, cuya autoría no corresponde a las personas a las cuales se les atribuyen.

La esencia del debate democrático está en juego. La calumnia, la mentira, la deformación, la distorsión, las insinuaciones falsas, etcétera, son el pan nuestro de cada día, o mejor, de cada momento. O peor. Es que el debate político ha sido degradado brutalmente.

Y esto es cierto, también, en otros ámbitos de la vida. Incluyendo la academia. Por ello es un tema tan vigente y tan estratégico hoy en el mundo de las ciencias sociales, y de la tecnología. ¿Cómo se puede armonizar el mundo espectacular y súper eficiente de la Tecnología, con el mundo de la Democracia y, en general, el de la verdad?

La frase bíblica “La verdad os hará libres” está hoy en entredicho porque en un mundo inundado de informaciones, la verdad no existe. ¿Y la libertad?

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