¿Qué tanto?

Junio 03, 2022 - 11:50 p. m. 2022-06-03 Por: Fernando Cepeda Ulloa

Sabemos que el contexto político ha cambiado significativamente. Es evidente la pérdida de protagonismo de los partidos viejos y nuevos.
También es notoria la precaria presencia de políticos que tienen bases regionales, o de eso que llaman clanes políticos. Obvia la desaparición de los fortines liberales o conservadores que favorecían esas colectividades o sus facciones. Va tomando plena vigencia la influencia de las redes sociales y la pérdida de significado de la buena retórica política.

Diría que, hasta los debates en televisión, radio y otros escenarios se desgastaron por múltiples razones. Los candidatos que pasaron a la segunda vuelta dejaron de asistir y se anuncia que para la segunda vuelta no habrá debates entre ellos. Las banderas partidistas no se ven.
Y lo que vemos, ya desde las supuestas coaliciones para las consultas interpartidistas, es una mescolanza en contravía de la proclamada polarización.

El gran interrogante es si el 19 de junio se profundizará este nuevo contexto político o veremos una versión reformulada del viejo arreglo que ha caracterizado a Colombia. Y si el gobierno que se iniciará el 7 de agosto refleja alguna de esas situaciones.

Tuvimos tres propuestas: 1) la antisistema, Petro; 2) la anti-establecimiento político, Hernández; 3) la de un cambio no radical, Fajardo y Federico. Todas tienen, en mayor o menor grado, un elemento continuista que es nuestro Estado Social de Derecho, el factor permanente.

Cambia el gobierno pero no así el Estado. Éste requiere un procedimiento diferente del electoral: una constituyente, referéndum, reforma constitucional. Es algo distinto y, en ocasiones, más complejo. Siempre hay cambio y continuidad. Varía la intensidad al lidiar con cada uno de estos factores.

Ejemplos de continuidad, la composición y funciones de la Junta Directiva del Banco de la República: o las de la Corte Constitucional y, en general, del Poder Judicial; la Carta de Derechos constitucionales y otras disposiciones claves de la Constitución de 1991. No existe movimiento en favor de una constituyente como en Chile.

El gobierno de Virgilio Barco se inauguró con el anuncio, entre otros, de que no se haría reforma constitucional como se venía planteando desde el gobierno de Alfonso López Michelsen con la frustrada Asamblea Constitucional. Diferentes acontecimientos llevaron a la Reforma Constitucional más ambiciosa desde 1886, al propiciar la sustitución de esa carta política por la de 1991 que se materializó durante la administración de César Gaviria. Las realidades políticas, sociales y económicas son más fuertes que las promesas de hacer o no hacer.

Colombia no ha sido ajena a los vientos de cambio que soplan en todas partes, en democracias consolidadas y en muchas en transición. El contexto político ha venido transformándose en todas ellas, aún en las que se apoyaban en tradiciones bien consagradas. ¿Qué tal un presidente de Estados Unidos proclamando que hubo fraude o incitando a una insurrección? ¿Qué tal un primer ministro británico pasando por alto comportamientos sagrados de la vida política británica? Hago referencia a las dos democracias liberales más admiradas.

Qué tanto del viejo andamiaje del quehacer político se puede recuperar y adaptar a las nuevas realidades impuestas por los avances tecnológicos, el predominio de la vida urbana, el cambio en la estructura familia. La nueva política busca responder a estos y otros fenómenos que han generado comportamientos electorales y políticos bien diferentes.

Lee contenido sin límites en elpais.com.co por $800 primer mes
VER COMENTARIOS