Oposición: cien días

Oposición: cien días

Noviembre 16, 2018 - 11:50 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Se ve y se escucha menos de lo que se esperaba. A no ser la protesta social que ya es casi una rutina.

El Estatuto de Oposición no es gran cosa. Me parece que se omitieron aspectos fundamentales. ¡Y ellos ni se mencionan! ¡No se notan!
La ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, dijo en una entrevista en El Tiempo, hace dos o tres semanas, que el Estatuto dificultaba mucho la relación con el Congreso.

Sería muy útil saber de qué manera el Estatuto juega ese papel obstructivo. He dictado varias conferencias sobre el mismo y cada vez soy más crítico. Es un ejemplo deplorable de cómo amarrar la política y, así, a los políticos.

¡Qué paradoja! En estas elecciones presidenciales sólo hubo dos fuerzas políticas que se disputaron el máximo poder político en la segunda vuelta. Y esas dos fuerzas eran de oposición: el Centro Democrático, una coalición de centro-derecha, con una coalición de izquierda. Duque contra Petro. La oposición al Gobierno y la oposición al Sistema político, económico y social.

Para ello no fue necesario un estatuto, porque como lo dije durante el gobierno de Virgilio Barco (1986-1990), la Constitución contenía las garantías para la oposición, entonces como ahora. Y ello quedó demostrado palmariamente cuando los candidatos que apoyaron de una u otra forma al Gobierno (2010-2018) no pudieron llegar al momento crucial de la elección. Tan sólo participaron en las eliminatorias.

El Estatuto no consagra el derecho a la oposición (o a ser independiente) sino que busca precisar algunas de esas garantías. Y es evidente que no obstante intentos similares durante más de tres décadas, el resultado no es bueno. Ni conveniente. Y en lugar de ayudar al fortalecimiento de la gobernabilidad democrática, la dificulta, la enreda, la complica. ¡Lástima!
Convendría que la Ministra del Interior hiciera un diagnóstico público que nos permitiera encontrar el camino de corregir ese Estatuto, bien sea por la vía reglamentaria, o la jurisprudencial.

Por eso, ahora se evalúan los primeros cien días del Gobierno. Y como que a nadie se le ocurre hacer lo propio con respecto a la oposición. Sorprendente. Pero esa ausencia, ese silencio es muy diciente. Ya habla por sí sólo. No se requiere decir nada más. A no ser recordar que es ese binomio lo que enriquece la gobernabilidad democrática. Que no se entienda así, ¡dice aún mucho más!

Al parecer la otra dimensión de la oposición, la protesta social, le ha tomado ventaja a la que se ejerce en el Congreso. Así estaba anunciado. Era previsible. ¿Acaso las alcaldías y la Policía están preparadas para asegurar que la protesta sea democrática, o sea, que respeta los derechos de los demás? Y ya se realizó por parte de diferentes organizaciones sindicales una Jornada Nacional de Movilizaciones el 15 de noviembre; y se anuncia la toma de Bogotá y de las demás capitales, para el 28 de noviembre; y, claro está, un Paro Nacional para el 13 de diciembre y, así, ¡hacer más grata la Navidad!

Como lo vengo diciendo desde hace tres años, aquí no habrá (no ha habido) post-conflicto sino maxiconflictividad que es lo que hemos venido observando y lo que se agudizará. ¡Y, todavía, hay quienes se sorprenden!

Los grupos de oposición no han hecho un buen uso del Estatuto.

VER COMENTARIOS
Columnistas