Muy diferente

Mayo 20, 2022 - 11:50 p. m. 2022-05-20 Por: Fernando Cepeda Ulloa

Esta campaña presidencial ha sido muy diferente. En primer lugar, más de 60 candidatos presidenciales, según dicen quienes se tomaron el trabajo de contarlos. Ahora sólo tenemos cuatro. Algunos con las credenciales de conocimientos y experiencia salieron del escenario.
Existe mundialmente preocupación al respecto. ¿Cuál será el mejor método para seleccionar los candidatos presidenciales? La pregunta adquirió vigencia a raíz de la selección de Trump como candidato republicano. Se escribieron columnas y ensayos, pero no es tema fácil y requiere consenso para establecer nueva metodología.

Aquí, desde el 2018, adoptamos un nuevo procedimiento sin que hubiera existido debate público. Simplemente, se modificó el artículo 107 de la Constitución con la introducción de consultas interpartidistas para reducir el número de candidatos y obtener más apoyo para el eventual ganador de la consulta.

El nuevo procedimiento parece haber quedado institucionalizado con las dos experiencias, de 2018 y 2022. Los candidatos que se apoderaron del tablero de opciones, fueron los dos primeros, Duque y Petro, hace cuatro años; no hubo otras consultas. Opacaron a Germán Vargas Lleras y a Humberto de la Calle, que no participaron en consultas. Ahora, Gustavo Petro y Federico Gutiérrez. El tercero Sergio Fajardo quedó relegado. Hasta ahora el ‘remonte’ no ha funcionado.

Hubo tres coaliciones, para tres consultas, cada una con cinco candidatos. Sirvió para eliminar doce. Tan sólo un independiente, o sea uno que jugó por fuera de las coaliciones, sobrevivió, otros cinco no pudieron.

Es evidente que las consultas sirvieron para reducir significativamente el número de candidatos. Muy útil. Pero es evidente, también, que la carencia de mínima regulación terminó por perjudicar aparentemente la coalición que el electorado percibía como opción atractiva. Tuvo muchos altibajos. Así, el que era considerado su líder sufrió desgaste que lo debilitó frente a sus rivales de las otras coaliciones y, aún, del candidato independiente.

Mínimas reglas debieran enmarcar el comportamiento de las coaliciones. Desde el reparto de los dineros que les otorga el gobierno, que debería entregarse oportunamente, hasta las normas para entrar o salir de la coalición y lo relacionado con el proceso interno de decisiones. Sin duda, si es obligatorio o no comprometerse con una sola lista para el Congreso y, claro está, el contenido de las campañas de los integrantes de la coalición, así como el de la campaña propiamente tal de la misma.
Lo que ocurrió con la Coalición de la Esperanza deja muchas lecciones.
Seguramente habrá otras. Pero no deben coartar el necesario libre ejercicio de la actividad política. Un mínimo de reglas fundamentales.

Ahora vamos para la segunda eliminatoria entre los principales candidatos, tres resultantes de las consultas. Y si no se llega a una mayoría absoluta de votos válidos, iremos a confrontación definitiva sólo entre los dos aspirantes con más votos. Entre el 29 de mayo y el 19 de junio ocurrirá un intercambio de votos, algunos endosables, otros no. Será el momento de la verdad, no sólo para los candidatos sino para la democracia colombiana.

En esta ocasión, como nunca, el tema de la transparencia en la recepción, contabilización y transmisión de datos se ha tornado esencial. Se espera que el perdedor reconozca el veredicto electoral y, si está en desacuerdo, no acudirá a vías de hecho para controvertir el resultado oficialmente declarado.

Tenemos que enaltecer nuestra tradición democrática respetando al ganador.

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