Más que criminal

Abril 15, 2022 - 11:50 p. m. 2022-04-15 Por: Fernando Cepeda Ulloa

Es, realmente, insoportable seguir en la televisión lo que está ocurriendo en Ucrania o lo que se está planeando para someterla. O se entregan o los destruimos. Ya lo que se hizo el primer día era suficiente para horrorizar a la humanidad entera. Pero que esto sobrepase los cincuenta días y amenace con ser cada vez más horripilante, más monstruoso, más inhumano es algo insoportable. Entre otras razones porque pone en evidencia la impotencia aún de los más poderosos. Sí, lo sabemos desde hace un buen rato, la impotencia del poder.

Es evidente que las Naciones Unidas fallaron gravemente. El tema de las preocupaciones rusas estaba sobre la mesa hacía tiempos. Y las operaciones militares de 2014 que permitieron la toma de Crimea fueron un campanazo que no se podía subestimar. Los textos al respecto no son secretos ni sus autores son desconocidos.

Cómo ocurrió que la ONU no hubiera estado permanentemente pendiente de una potencial evolución brutal de esta situación es incomprensible. La perplejidad frente a la tarea del Consejo de Seguridad, responsable de la paz, es entendible así como el escepticismo frente a su futuro papel. Como que hay una sensación de desamparo. Cualquiera puede acometer una invasión, violando todas las reglas del derecho internacional, sin que éste juegue el papel que todos esperamos. Y, así, además en el proceso de invasión desconocer los progresos que se habían hecho para humanizar el desastre de la guerra.
La internacional y la doméstica. Es desconocer ferozmente los más elementales derechos humanos. Observar eso en vivo y en directo deja un sentimiento de profunda desilusión. De enorme frustración. Como que la compasión no alcanza. Y la solidaridad de los vecinos, por generosa que sea, se queda corta ante una situación tan inhumana, tan cruel, tan desprovista de respeto por valores fundamentales para la convivencia. El salvaje retorno a la ley del más fuerte.

Vuelve a la mente la contundente afirmación de uno de los autores más leídos de nuestro tiempo: no se puede subestimar la estupidez humana. Y esto en tiempos de los más asombrosos desarrollos científicos hace aún más hiriente esa consideración, muy cierta y ahora bien comprobada.

El orden internacional está hecho pedazos. Requiere nuevas mentes que lo reconstruyan, aprendiendo las lecciones de éste y otros horrendos acontecimientos. Recuperar el ideal de la prohibición de la guerra. Encontrar los procedimientos viables para lograr soluciones pacíficas a los desacuerdos y para superar las rivalidades, para no permitir que algo como esta miserable empresa de destrucción de vidas, familias, valores, tradiciones jamás se repita.

Es que sentimos en carne propia el dolor inmenso de los ucranianos. Los percibimos muy próximos. Nos duele enormemente no poder hacer nada para aliviar su inmenso sufrimiento. Y vemos con desesperanza cómo podrán recuperar sus vidas.

Que la reconstrucción de Ucrania costará entre 220 y 540 billones de dólares dice The Economist. Se recuerda el Milagro de la restauración de Alemania. Pero no habrá manera de tener nuevamente vivos a los fallecidos, ni de borrar los horrendos recuerdos de esta tragedia, ni del goce familiar y de las amistades... Qué desastre mayor dizque para resolver unos temores que, sin duda, habrían encontrado solución por la vía política. El desprecio de la política lleva a la violencia.

¡Qué barbaridad!

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