Disentir

Agosto 12, 2022 - 11:50 p. m. 2022-08-12 Por: Fernando Cepeda Ulloa

Está bien claro que el sagrado derecho de disentir ha tenido buen momento tanto durante el gobierno del presidente Duque, como ahora en los inicios del presidente Petro. Este último ganó como el principal opositor. Y su triunfo fue aceptado sin reservas y en absoluta tranquilidad por sus adversarios y sus partidarios.

Colombia ha dado un espectáculo ejemplar de comportamiento democrático. Como correspondía a su larga tradición. La ceremonia del 7 de agosto reconfirmó esa tradición de transmisión pacífica del poder presidencial. Y así lo percibieron los visitantes extranjeros. Tan solo el deplorable comportamiento de algunos congresistas el 20 de julio dejó una mancha que no debe olvidarse, pero que jamás debe repetirse, con la actitud frente al discurso del presidente saliente.

Gran cosa que los alegatos anticipados de fraude por parte de unos y otros no hubieran encontrado el más mínimo eco en la primera ni en la segunda vuelta, que todo el proceso electoral hubiera ocurrido conforme a las más estrictas reglas. Motivo para celebrar y reafirmar nuestras convicciones democráticas no obstante tantos momentos crueles y difíciles que hemos pasado durante más de 200 años. Aquí tuvimos una de las pruebas más fuertes y la superamos felizmente.

Fue la fiesta del triunfo del disentimiento en su máxima expresión. Pero de un desacuerdo civilizado. De eso se trata en la vida política.
Acordarse y entrar en desacuerdo. Consentir y disentir. Ganar hoy y perder mañana. Entender que la victoria del adversario no es el fin del mundo. Que no se gana para arrasar ni se pierde para ser marginado, humillado, desechado.

Que la oposición sienta que tiene el espacio político para actuar es fundamental en la vida democrática. Que los ciudadanos sepan que su disentimiento es respetado y, en ocasiones, resulta acogido, es parte esencial del juego democrático. Como lo dijo en uno de sus libros el distinguido Profesor Sunstein, “Las sociedades necesitan el disentimiento”. Disenso y consenso constituyen el diario vivir de una vida democrática.

En muy pocos días tenemos disensos sobre la reforma tributaria, el contenido del Informe de la Comisión de la Verdad, algunos nombramientos, la naturaleza de la negociación con grupos guerrilleros o criminales, el así llamado perdón social, el sistema de salud, la nueva matriz energética.

Pero igualmente tenemos las declaraciones reiteradas de respeto a la Constitución y a las leyes, a las decisiones del nuevo gobierno.
Es conveniente registrar la importancia del disentimiento, de la diversidad de opiniones, de la contradicción, todo ello dentro del marco de buenas maneras, de respeto y de apropiado lenguaje. No me canso de repetir, disenso y consenso como dimensiones fundamentales de la vida democrática. Es así como se enriquece la sociedad, la vida universitaria, el trabajo empresarial, el desarrollo de la familia, etc.

Por ejemplo, el jueves en la más absoluta tranquilidad, en todo sentido, se materializaron desacuerdos muy importantes con el gobierno del presidente Duque: el anuncio de embajadores en Venezuela, con todo lo que ello implica; la confirmación de Cuba como sede de las conversaciones interrumpidas con el Eln y el rechazo a la designación de Cuba como un país terrorista. Todo en unas pocas horas. Lo que muestra que no hay uniformidad de pensamiento y que la oposición encuentra, cuando se lo propone con dedicación, la forma de realizar sus objetivos y convicciones. Ahí están los beneficios del desacuerdo.

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