Bienestar

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Bienestar

Octubre 25, 2019 - 11:50 p. m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Que el crecimiento económico no es equivalente al bienestar. Que los indicadores económicos que conocemos no nos revelan toda la verdad sobre lo que la ciudadanía está percibiendo con respecto a lo que está ocurriendo en la sociedad. Sorprende que el presidente chileno pida perdón porque no supo leer lo que estaba ocurriendo en su país, modelo de desarrollo económico.

En el seminario propiciado por la Universidad del Rosario junto con la Oecd, la Comisión Europea y la Cepal, este fue el tema que estuvo rondando en buena parte de las presentaciones. El nombre de este encuentro intelectual que contó con intervenciones profundas y sencillas a la vez, dejó muy en claro que es indispensable construir nuevos indicadores que nos digan realmente qué es lo que está pasando en la sociedad, de qué manera el progreso económico se está traduciendo en bienestar en los diferentes sectores de la sociedad, particularmente, entre los pobres y en una clase media que se ha venido ampliando pero que se autopercibe como muy vulnerable, muy expuesta a retornar a su condición anterior de pobreza. Es un trabajo que se viene realizando entre estas organizaciones multilaterales que tienen claridad sobre cómo el aumento del ingreso per cápita o del producto interno bruto no siempre se traduce en bienestar para todos.

El presidente Duque, en una presentación, impecable como todas las suyas, explicó el alcance del concepto que inspira su acción gubernamental, su plan de desarrollo, que es el de la Equidad. Mostró cómo no se trata de una idea gaseosa sino de una que busca que el bienestar llegue a los más vulnerables, fortalezca la clase media y esté asociado a una apropiada política macroeconómica y a una productividad que recoja los beneficios que ofrece la inteligencia artificial y la robótica, la cuarta revolución. Y mostró cómo ello se está logrando en el sector educativo, en la salud, la conectividad y la creación de una sociedad de propietarios.

Y con razón en esa presentación y en la que hizo en el homenaje que le rindió a Ángel Gurría, secretario general de la Oecd, se vanaglorió de que esta respetable organización, el principal tanque de pensamiento en el mundo, hubiera afirmado que el crecimiento de Colombia este año (3,4) estaba por encima del promedio de los países más ricos del mundo y de los del hemisferio. Una noticia que debería enorgullecer a todos los colombianos en tiempos de tanta turbulencia.

El presidente Duque hizo una justa referencia a la Constitución de 1991 que colocó a Colombia más allá de los modelos dogmáticos que han llevado a confrontaciones sociales que están a la vista de todos. Reivindicó el Estado Social de Derecho que ella establece que es, digámoslo, lo que la Corte Constitucional ha venido protegiendo sistemáticamente. Impidiendo así excesos en la aplicación de un modelo económico que el Presidente humaniza al plantear la filosofía tripartita de Estado, Mercado y Sociedad. Al efecto citó el artículo 333 de la Constitución, sobre la libertad de empresa para recordar que esta tiene “una función social que implica obligaciones”. La ley, dice el último inciso de esta norma, “delimitará el alcance de la libertad económica cuando así lo exija el interés social, el ambiente y el patrimonio cultural de la Nación”.

El Presidente Duque está bien sintonizado.

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