Columnistas

El terremoto que todavía no termina

La vida primero. La familia primero. Los amigos primero.

GoogleSiga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

Santiago Cruz Hoyos.
Santiago Cruz Hoyos. | Foto: El País.

16 de ago de 2026, 01:16 a. m.

Actualizado el 16 de ago de 2026, 01:16 a. m.

Primero fue un movimiento leve, un pequeño sacudón del sofá de la sala. Me paré tranquilo y caminé despacio hacia el cuarto. Mi esposa se lavaba la cara en el lavamanos.

—¿Sentiste el temblor? —le pregunté, como si ya hubiera pasado.

De repente, el apartamento comenzó a moverse de un lado a otro, cada vez con mayor fuerza. Sentí que debíamos hacer lo que casi nunca hacemos, porque pocas veces sentimos temblores: salir del edificio.

Tenía las llaves de la puerta en el bolsillo de la pantaloneta porque acababa de sacar al perro al parque. Mi esposa, aún en pijama y descalza, tampoco lo dudó.

En cuestión de segundos vi que todo se movía y se caía: los libros de la biblioteca, la colección de videojuegos que he construido durante años, las paredes del hogar que con esfuerzo seguimos pagando y que comenzaron a agrietarse.

Escuché los azulejos del baño estrellándose contra el suelo y, en el pasillo de la portería, pequeños pedazos de pared que se desprendían mientras aparecía un polvillo blanco.

Ya afuera, en el parque, a salvo, lo entendí. Es algo que uno puede racionalizar, pero que en realidad comprende cuando lo vive, cuando pasa por la emoción, por el corazón: lo importante es la vida.

Nada de lo material, eso por lo que nos preocupamos la mayor parte del tiempo, tiene valor cuando de repente sentimos que podemos perderlo todo. La vida. La salud. Los seres queridos. Las mascotas que nos acompañan.

Cuando pasó el temblor no lo dudamos: regresamos por Fito, el perro, que se había quedado ladrando, asustado; por Drako, un gato naranja, de ojos amarillos, siempre esquivo, difícil de cargar y por el que casi volteo la cama patas arriba para atraparlo rápido; y por Azul, la gata de la unidad que, desde que quedó ciega por su edad, vive con nosotros.

No me importó constatar las averías del apartamento ni los objetos que se habían quebrado. Sentía, en cambio, un profundo agradecimiento por seguir vivo, junto a mi esposa, nuestra familia y nuestros amigos. Fue un alivio saber que estaban bien. Asustados, claro, pero bien.

Con el paso de los días ha sido difícil conocer las historias de los caleños que perdieron a sus seres queridos, ponerse en sus zapatos, hacerse preguntas. No fue fácil ir a Capri y ver el edificio por el que pasaba cada semana, como atajo para llegar al mío, convertido en ruinas.

Y entonces uno entiende que el terremoto no terminó cuando dejaron de moverse las paredes. La normalidad todavía no regresa. Tal vez no vuelva a ser la misma.

Ahora dejo abierta la ventana del apartamento que da a la calle, por si es necesario saltar de emergencia. Antes del temblor siempre la mantenía cerrada. El pitido de los carros dando reversa me asusta: por un instante pienso si acaso es una alarma de sismo.

Entro a un supermercado y trato de salir rápido, mientras identifico la puerta más cercana. Me despierto con frecuencia durante la noche. A veces me parpadea el ojo derecho. Leí que puede ser una respuesta al estrés.

Cuando salimos a dar un paseo al parque con el perro siento alivio, pero también preocupación: ¿qué pasaría con los gatos si temblara mientras estamos afuera?

También leí que las reacciones de estrés después de un terremoto pueden permanecer durante semanas. A lo mejor eso sea lo que todavía estamos aprendiendo a entender: que un terremoto no termina necesariamente cuando deja de temblar la tierra.

Pero hay algo que sí quedó claro para mí en esos 90 segundos que nos sacudieron esta semana: la vida primero. La familia primero. Los amigos primero.

Alguien me escribió que en Cali nada volverá a ser igual. Creo lo mismo. Y tal vez eso no sea algo malo.

Quizá, después de sentir cómo todo puede desaparecer en unos segundos, aprendamos a darle a cada cosa el lugar que realmente merece.

Regístrate gratis al boletín de noticias El País

Descarga la APP ElPaís.com.co:
Semana Noticias Google PlaySemana Noticias Apple Store

AHORA EN Columnistas

Paola Andrea Gómez.

Columnistas

Se vale llorar

Francisco José Lloreda Mera

Columnistas

Destellos