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El privilegio de elegir el futuro

Enfrentamos una desconexión profunda cuando el hogar se vuelve invivible entre los escombros de la tragedia y la indolencia gubernamental.

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Álvaro Benedetti
Álvaro Benedetti | Foto: El País

31 de ago de 2026, 01:13 a. m.

Actualizado el 31 de ago de 2026, 01:13 a. m.

Durante décadas, Colombia midió su desarrollo por la capacidad de acumular talento local. Festejamos la expansión universitaria y los posgrados en el exterior bajo la firme creencia de que una masa crítica calificada transformaría el aparato productivo nacional. Sin embargo, la teoría económica suele pasar por alto una fisura estructural en ese relato, una consecuencia que hoy, en medio de la parálisis institucional y la urgencia de reconstrucción tras el terremoto, se vuelve una dolorosa paradoja.

Cuando un profesional adquiere destrezas globales, gana la libertad de elegir dónde despertar y formar ciudadanos competitivos redefine lo que consideran una vida digna. Contrario a lo que advierten analistas de peso, reducir este éxodo a pérdidas fiscales o al trillado lamento de la fuga de cerebros es un error ciego ante el dolor humano. Enfrentamos una desconexión profunda cuando el hogar se vuelve invivible entre los escombros de la tragedia y la indolencia gubernamental.

Basta con haber viajado una vez para notar que algo cambia en la manera de mirar el propio país al regresar. El contacto con sociedades eficientes altera los estándares de normalidad de un científico o una ingeniera. Esa experiencia demuestra que emigrar no es una rabieta por sueldos bajos ni un rechazo al color político de turno, sino una búsqueda legítima de previsibilidad cotidiana.

El desgaste de habitar un péndulo institucional perpetuo superó la categoría de molestia pasajera. El hastío de contemplar cómo el clientelismo y la polarización sepultan cualquier proyecto de largo plazo bajo la improvisación se volvió insoportable. Este colapso actúa como el detonante definitivo que empuja al talento a diseñar un plan de partida irreversible.

Reconocer este proceso exige un pragmatismo económico frío que supere los lamentos morales de la dirigencia. Discutir la migración calificada obliga a aceptar que tener opciones globales es un privilegio ajeno a la mayoría de los colombianos, quienes hoy se desplazan por pura supervivencia ante la devastación del terremoto y la crisis social. Castigar éticamente al profesional que empaca sus maletas es un burdo error que destruye valor.

La política pública fracasa al sostener una visión estática del talento, porque el conocimiento no necesita estar encadenado físicamente a un territorio en ruinas para beneficiar al país. El desafío radica en un diseño institucional capaz de sobrevivir a la volatilidad del nuevo gobierno. No es una apuesta ingenua, ya funciona en otras partes, India construyó buena parte de su revolución tecnológica sobre el mismo talento técnico que alguna vez partió a Silicon Valley. La diáspora calificada puede transferir metodologías, financiar emprendimientos y abrir mercados sin pisar suelo patrio. Así lo demuestran ingenieros vallecaucanos en Boston o Bangalore que hoy podrían coinvertir con la Universidad del Valle o guiar una startup en ParqueSoft, apenas un ejemplo entre muchos que ya están esperando una llamada.

Un cerebro afuera deja de ser una pérdida si el Estado lo convoca con mandatos vinculantes y presupuestos reales, en lugar de desgastarlo en protocolarias jornadas virtuales. La riqueza nacional ya no se mide por los profesionales que regresan, sino por los puentes que permiten aportar desde cualquier rincón. El acierto consiste en aceptar la movilidad laboral, transformando el éxodo en una red global para la reconstrucción. En la era de la inteligencia artificial, donde el código desafía las fronteras, pretender que el talento dependa de la parálisis local es condenarnos al rezago. La vanguardia colombiana radica en conectar la innovación mundial con nuestra geografía.

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Claridades: Creo en la ‘Patria Milagro’ porque emular el salto industrial de Corea del Sur tras su propia devastación, u otras naciones asiáticas, exige precisamente este choque de autoridad, orden severo y reconstrucción técnica. No creo en ella si la retórica de seguridad y el Fondo estatal terminan sirviendo como un velo autocrático para perseguir disidencias mientras las ruinas institucionales siguen intacta.

Consultor internacional, estructurador de proyectos y líder de la firma BAC Consulting. Analista político, profesor universitario.

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