Columnistas
El mundo en 2026
Trump se vanagloria de haber logrado detener ocho guerras infiriendo ser merecedor del premio Nobel de Paz.
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4 de ene de 2026, 01:01 a. m.
Actualizado el 4 de ene de 2026, 01:01 a. m.
Una sola palabra define el trasegar geopolítico del planeta durante el 2025: Trump. Desde su llegada al poder el pasado 20 de enero hasta el 31 de diciembre, el neoyorkino dominó los titulares. Rompió con lo que, se creía, eran reglas sacrosantas, cerró las fronteras de Estados Unidos, aplastó lo políticamente correcto y doblegó a las otras ramas del poder. Trump destruyó una de las principales herramientas del ‘softpower’ americano, la Usaid, expulsó decenas de miles de emigrantes, muchos con estatus legal, volteó ‘patas arriba’ el comercio global, potencializó la tecnología y las grandes tecnológicas americanas como herramientas de dominación y convirtió la Casa Blanca en una amalgama entre sus negocios particulares y los intereses de EE. UU.
No son pocos los logros de Trump, además de haber defenestrado a sus críticos en múltiples casos. Los aranceles que impuso a casi todas las importaciones a Estados Unidos no causaron la catástrofe que advertían propios y extraños, ‘arrodilló’ a muchos países a aceptarlos sin contra medidas punitivas, y con varios países negoció términos favorables. Con China terminó en tablas, aunque el poco mediático conflicto sobre minerales, tierras raras y semiconductores podría tener consecuencias ominosas en la relación entra Beijing y Washington.
Trump, por otro lado, convirtió el multilateralismo en un menú. Se retiró del acuerdo climático de París, como la había hecho en su primera administración; de la Organización Mundial de la Salud; del Consejo de Derechos Humanos y de la Unesco, a estos dos últimos acusándolos, con razón, de sesgo antiamericano y anti-Israel. Sin embargo, retomó con condiciones la ayuda humanitaria a Naciones Unidas.
Trump se vanagloria de haber logrado detener ocho guerras infiriendo ser merecedor del premio Nobel de Paz. Mientras que no pudo detener la guerra Rusia-Ucrania, su objetivo sumo, si fue instrumental, en contener la guerra en Gaza con su plan de 20 puntos avalado por el Consejo de Seguridad. Azerbaiyán y Armenia firmaron un acuerdo de paz en la Casa Blanca tras 40 años de conflicto. Otras mediaciones han dejado resultados mixtos.
Por estos lares, alguien bautizó su política hacia Latinoamérica como la ‘doctrina Donroe’, interviniendo en las elecciones en Honduras, apoyando a Milei, fustigando a Petro, manteniendo una ambigüedad estratégica vis a vis con Claudia Sheinbaum y castigando a Canadá, el otrora principal aliado de Washington. Adicionalmente, Trump ordenó el mayor despliegue naval desde la crisis de los misiles hacia el Caribe y las costas de Venezuela, arrinconando a Maduro, aunque el desenlace es incierto. Elecciones en América Latina en 2026 se llevan a cabo en dos países que aún tienen gobiernos de izquierda: Brasil y Colombia, con pronóstico reservado, pero con Trump como protagonista, en un continente que giró fuertemente a la derecha con los nuevos mandatarios elegidos en Chile, Bolivia y Honduras.
El Medio Oriente seguirá siendo un polvorín, aunque quizás no en los niveles de los últimos dos años, mientras la región se reconfigura tras la trasformación estratégica causada por las victorias militares de Israel, las derrotas de Irán y sus proxis y la caída de Assad en Siria.
Asuntos que se pensaba habían quedado atrás, como las guerras entre Estados y los golpes de Estado, han regresado al escenario geopolítico. Las sociedades están cada vez más polarizadas en posturas extremas, aventadas por las redes sociales, y las instituciones democráticas están demostrando ser mucho más frágiles de lo que se estimaba. Los pesos y contra pesos hacen agua y los tres poderes de Montesquieu son cooptados por uno, el Ejecutivo.
El 2026 arranca en medio de la estela dejada por los desbarajustes y desequilibrios globales creados por Trump, con altos niveles de incertidumbre, tanto en el plano económico, como geopolítico, conflictos, guerras y efectos de la inteligencia artificial sobre el devenir de la humanidad.

Analista internacional para varios medios en Colombia y el exterior. Fue profesor de la Universidad de Externado hasta 2022 y es actual docente de la Universidad del Rosario. Colaborador y columnista de El País desde el 2001.
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