Emcali

Septiembre 23, 2022 - 11:45 p. m. 2022-09-23 Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Cuando se es gerente de Emcali como me correspondió hace una década, impacta la mirada generalizada que se tiene de la entidad como un botín generador de bienestar inmediato, contratos, pauta, empleos, prebendas. Pocos, muy pocos, la ven como una empresa que si bien es cierto, presta servicios públicos, es ante todo empresa, lo cual la obliga a ser rentable, austera, innovadora y sostenible.

Ese deber ser implica una responsabilidad del mediano y largo plazo que los públicos de valor usualmente no acompañan. Los políticos quieren nombramientos así sean innecesarios, pero lo importante para ellos es incrementar su bolsa de empleos. Los contratistas quieren lo suyo, vender productos o servicios al mayor precio, porque el rigor del valor en las ventas a la empresa privada no lo aplican a las entidades oficiales, donde ven oportunidades de excesivas ganancias. Los sindicatos quieren sus propios beneficios, así sean insostenibles con el tiempo. Ya llegará el momento de la crisis, piensan ellos, y ese día le achacaremos la culpa al gobierno nacional y a los demás, entre tanto, comodidades para los trabajadores y buen vivir para los líderes de los múltiples sindicatos.

Nada de exteriorizar la vinculación de terceros más eficientes, eso no conviene; que sea con los trabajadores así muchos de estos no respondan a los indicadores de eficiencia que las actividades requieren. Emcali es la vaca lechera que todos quieren ordeñar y si es posible, despresar y repartir su carne, pues lo que les interesa a todos esos ‘públicos de valor’ es “cómo le saco jugo hoy” así no haya Emcali mañana.

La pregunta que más nos hacían a los gerentes que pasamos durante la intervención del gobierno nacional, era: ¿Cuándo nos devuelven a Emcali? O ¿cuándo termina la intervención? Siempre me pregunté ¿Y cuál es la prisa si la estamos manejando pulcramente y en el camino correcto? La respuesta se da en hechos como los de esta semana. Si la entidad se maneja localmente, sin códigos de buen gobierno y con la avaricia y ambición de clanes politiqueros que recubren su calaña de hampones, no hay interés en que la empresa logre esos indicadores de rentabilidad, austeridad, sostenibilidad, anteriormente mencionados.

Esa es la gran diferencia con EPM. Allá aprendieron que la clave es cuidar y alimentar la vaca para que produzca abundante leche por muchos años y esa leche es la que usufructúa la politiquería antioqueña.
Pero para eso los cuidadores de la vaca actúan como gerentes y la junta directiva, guiada por un código de buen gobierno, tiene claro el foco empresarial de la entidad. Ese criterio es muy difícil pedírselo a tanto avión que ronda entre nosotros saltando entre los incisos del código penal.

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