Ospina, sin máscara

Septiembre 22, 2022 - 11:55 p. m. 2022-09-22 Por: Diego Martínez Lloreda

Que la alcaldía de Jorge Iván Ospina es un mar de corrupción es algo que en Cali teníamos claro. Ahora, gracias a Julio Sánchez Cristo y a la W, todo el país se enteró de esta triste realidad.

En los últimos días, buena parte de ese espacio, uno de los más escuchados de la radio colombiana, se ha dedicado a cuestionar la contratación en las Empresas Municipales de Cali. Y, en especial, el contrato para la renovación de medidores de energía, suscrito con la unión temporal AMI, por un valor de $215.000 millones.

Ese contrato, según denunció uno de los sindicatos de Emcali, pruebas en mano, está plagado de irregularidades. De un lado, los sobrecostos por los equipos adquiridos son escandalosos. Por ejemplo, dos televisores de 55 pulgadas se cotizaron en $47 millones, cada uno, cuando en el mercado no valen más de $3 millones; unas sillas ergonómicas costaron $17 millones y un proyector, $700 millones.

Además, el contrato fue otorgado a dedo y una de las empresas que conforman la Unión Temporal ya tiene casi 50 contratos con Emcali y ha sido seriamente cuestionada. El escándalo es de tal dimensión que al gerente de la empresa, Juan Diego Flórez, no le quedó otro camino que renunciar.

El alcalde Ospina, con el cinismo y la desfachatez que lo caracterizan, una vez se hizo público el contrato no solo se desprendió de cualquier responsabilidad, sino que además quiso mostrarse como adalid de la ética y la moral y tomó una serie de medidas inocuas, que jamás hubiera adoptado si todo esto no hubiera salido a la luz pública.

Más allá de la retórica barata de Ospina, el primer responsable por ese contrato es él. No solo porque es el presidente de la junta de Emcali, sino porque Flórez es de su entraña y de seguro no suscribiría un contrato de esta importancia tipo sin informar a su mompa y jefe.

Con lo cual, solo quedan dos posibilidades: Ospina es un inepto al que le meten semejante gol o es cómplice. Y por cualquiera de estas razones no es apto para ejercer la Alcaldía de Cali.

Por otra parte, los líos en la contratación no son exclusivos de Emcali. Se ven en todas las esferas de la actual Alcaldía. Al punto que, según la organización Mi Cali Contrata Bien, en 2021 se firmaron a dedo y sin licitación más de 28.000 contratos, por un valor superior a los $11.000 millones. Lo que representa casi el 80 % de los contratos que el Municipio suscribió durante ese año.

O sea, el problema no es de ahora. Lo único nuevo es que el tema trascendió al nivel nacional porque se les fue la mano en sobrecostos y en marrullas.

Pero que a Ospina no le gustan las licitaciones y que para eludirlas su camino preferido son los convenios administrativos, es algo que se sabía desde su primer gobierno.

Desde el punto de vista jurídico o disciplinario a Ospina no le va a ocurrir nada, a pesar de las pruebas tan contundentes que pesan en su contra. Él, a través de sus diferentes socios, está blindado de los organismos de control.

El único consuelo que nos queda es que los sucesivos escándalos que han salpicado su gobierno le han generado un enorme costo político.
Si antes de que estallara este escándalo apenas el 20 % de los caleños aprobaba su gestión, hoy ese porcentaje no debe llegar al 10 %.

O sea, hoy por hoy, Jorge Iván Ospina es un cadáver político. Ojalá los caleños, tan desmemoriados que somos, no le permitamos resucitar.

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